“La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué es una revista hoy?” Eso nos planteaba nuestro amigo Adolfo en una chocolatería madrileña. ¿Qué tipo de artilugio, de artefacto, de cacharro es o puede ser una revista hoy, en el mundo de la red?
Muchas voces como la suya nos ayudaron a alumbrar esta revista digital, que quiere ser también una investigación sobre el presente.
ALEXIA

La primera de las conversaciones que nos ayudaron a pensar el proyecto fue con Germán, en un bar donde muchos estaban tomando el menú del día, al lado de la estación de Chamartín. Se volvía a EE.UU donde trabaja, pero antes le dio tiempo a decirnos que le parecería interesante hacer algo entre lo académico y lo divulgativo, que recogiese y a la vez acompañase el cambio cultural y político que empieza a hacerse visible con los movimientos de la crisis, que buscase posibilidades entre los Nombres Propios y el anonimato total, y que prestase atención a temas minoritarios, pero también okupase los temas grandes.

María prefirió quedar en la cafetería de la Universidad Autónoma de Madrid, porque es allí donde va a nadar. Nos contó un taller que daba con niños de hasta 10 u 11 años en el CA2M (Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles). Allí veían una exposición, luego extraían de ella una palabra (la primera que se les ocurría) y finalmente la imprimían en letras doradas. A María le flipaba que las palabras escogidas siempre fuesen tan obvias: “amor”, “libertad”, cuando la exposición ni siquiera trataba esos temas. Palabras que nos vienen dadas, que creemos que hay que decir. “Somos hablados”, decía María, “tenemos los canales ocupados”.

¿Cómo desocupar los canales? Esa repetición de las mismas voces, de los mismos mensajes, de las mismas palabras. ¿Cómo interrumpir las cadenas de estereotipos y activar voces calladas o que hablan de modos “no autorizados” (y que muchas veces no se autorizan a sí mismas)? “Es tiempo de poca escritura”, decía María, “¿cómo hacer para que la gente vuelva a escribir?” Discutimos con ella si era un tiempo de poca escritura o un tiempo donde se escribe mucho, pero en canales y registros que no se piensan como escritura: telegram, whastsap, redes sociales, mails, etc. “En todo caso”, decía ella, “hoy es preciso acompañar para que el texto aparezca”.

Con Juan, quedamos directamente en su casa. Con él hablamos de “la fuerza de las historias” que “permite un encuentro con el otro, muchas veces catártico”. Pero también de la dificultad de contar algo relacionado con la propia vida, por el grado de exposición que exige. “Hay que bajar la guardia para contarse y no es fácil”. De la conversación con Juan nos quedamos pensando la importancia de generar los espacios de confianza necesarios en los que esos relatos vividos puedan darse, sin temor a la instrumentalización.

Para hablar con Leo, que vive en Barcelona, utilizamos el Skype. Su imagen en el ordenador, a veces en movimiento y a veces congelada, nos hablaba de que había que investigar en el campo expandido de la vida, no sólo en el tradicionalmente político, para focalizar en todos aquellos proyectos, experiencias y personas que ya están haciendo cosas y generando cambios, con sus límites y potencias. Y de la importancia de disfrutar en el proceso de investigación: “Si es un disfrute, se notará al contarlo”.

Algo parecido nos aconsejó Marc, en un bar de Lavapiés: “Que el producto esté ya impregnado de la práctica”. No disociar el proceso y el producto, como suele ser habitual. Mientras que Carmen y Gus, en otro bar de Embajadores, nos hablaron de rarezas rebeldes en EE.UU, como Reality Sandwich, y otras iniciativas latinoamericanas de periodismo narrativo. Por su lado, Fidel nos dijo, repasando su amplia experiencia en revistas, que “no es momento para papel” pero sí para atreverse a hacer lo que uno quiere hacer y no solo subirse a carros ya en marcha.

Primeras tentativas (y primeros fracasos)

Al hilo de todas estas conversaciones, nosotros íbamos fijando nuestras intenciones sobre el proyecto que nos traíamos entre manos. Dos fueron las ideas-fuerza que ahí se nos aparecieron. La primera, que queríamos acercarnos a mundos particulares a través de los cuales pudiésemos pensar el mundo en general. La segunda, que queríamos ayudar a que esos mundos se contasen a sí mismos.

Esto tiene más miga de lo que parece.

Cuando hablamos con Marga, en el centro Medialab-Prado, nos preguntó qué era eso de que los mundos se cuenten a sí mismos. ¿Dar la palabra? Pero entonces, ¿cuál sería nuestro papel en todo esto? Nos quedamos rumiando y reformulamos nuestros planteamientos de otro modo. En realidad se trata más bien de co-producir relatos y reflexiones a partir de experiencias vivas (del tipo que sean), de acompañar y favorecer “que el texto aparezca” como decía María. Esto no excluye la reflexión o el análisis más abstracto, simplemente se trata de hacer las conexiones adecuadas entre los cuerpos y las palabras, los haceres y los decires. Casi mejor lo contamos con una historia.

Por aquel entonces, se estaba produciendo una huelga de los trabajadores de las subcontratas de Telefónica y sentimos el impulso de acercarnos. Nuestras vidas giran en torno al trabajo, pero no es fácil encontrar preguntas -prácticas, encarnadas y colectivos- sobre su sentido. Y una lucha siempre abre un agujero a través del cual puede mirarse y pensarse de nuevo la realidad. Conseguimos contactar con dos trabajadores, Álvaro y David, y quedamos en una terraza de Aluche para hablar con ellos. Como pensamos que iba a ser solo el primer contacto de otros por venir, ni siquiera pusimos la grabadora, solamente tomamos unas notas. Nos acordamos de lo que nos dijo Juan sobre la importancia de abrir espacios de confianza para que el relato personal pueda aflorar.

Todo un mundo se nos abrió ahí. Nos contaron que era un sector que se había atomizado mucho, pero que ellos habían conseguido juntarse gracias a las redes sociales y a unas asambleas que se habían convocado. Que trabajaban con un sistema de puntos bastante complejo y que les obligaba a echarle muchas horas: “Tú sabes lo que es ir un sábado y otro y otro a trabajar y dejar a tu mujer e hija en casa”. “Este mechón de pelo blanco no lo tenía yo hace un año”. Fue una conversación muy impactante.

En ese cruce entre reflexión teórica y experiencia viva que queremos hacer, hablamos con Franco Berardi (Bifo), un pensador italiano que ha investigado y escrito sobre las condiciones contemporáneas del trabajo, y le contamos aquella conversación. Él rápidamente la puso en relación con la falsa autonomía en la que están inmersos tantos subcontratados y falso autónomos. Esto, entre otras cosas, significa que como trabajador te vuelves responsable de ti mismo y “si tú estás enfermo, la cosa no me preocupa como empresario, no soy yo, el capitalista, el que se tiene que preocupar por la enfermedad, eres tú quien tiene que gestionar la enfermedad”.

Pensamos cómo continuar la conversación con David y Álvaro, cómo devolverles lo que nos había contado Bifo, cómo aportar algo a la lucha que entablaban por entonces, cómo contar también otro tipo de cosas menos épicas, como era la misma amistad entre ellos que nos pareció ya en sí misma una bonita resistencia a la deshumanización del trabajo, etc. Pero no nos volvieron a contestar las llamadas. Nunca supimos la razón. ¿Habíamos hecho algo mal? La historia se quedó en el tintero. El camino lento tiene sus potencias, pero también sus muchos riesgos. La colaboración con otros para contar y pensar la realidad es un hermoso desafío, pero desborda el propio control y es por tanto incierto.

Inmersiones, relámpagos, inspiraciones…

¿Cómo darle forma y estructura en la página web a estas primeras ideas-fuerza? ¿Qué tipo de organización mental y visual de los procesos y los materiales proponer al lector?

Imaginamos mundos a los que queremos hacer un acercamiento reposado y pensarlos-contarlos tal vez desde distintos ángulos (una conversación, una crónica, un texto de pensamiento situado, una galería de imagenes, una autorrepresentación, unas viñetas de cómic, un glosario, un relato de ficción…). Hemos llamado a esta sección “Inmersiones”.

Imaginamos que irán surgiendo historias que precisen elaboraciones más rápidas, en forma de entrevista, pequeño ensayo, crónica… Ya sea en España o en otros países del mundo. A esta sección la hemos llamado “Relámpagos”.

Nos imaginamos encontrando otras iniciativas que amplían nuestro repertorio de posibilidades de contar y pensar la realidad. Queremos aprender de ellas y compartirlo aprendido, por eso hemos creado la sección “Inspiraciones”.

Las tres secciones originales eran estas, pero en una de las reuniones que tuvimos para diseñar la web, Mar nos sugirió una cuarta sección en la que pudiera haber una interacción más directa con los lectores. Nos gustó la idea de compartir algo de los procesos, lo que a veces no se ve en el resultado final: las dificultades, las vacilaciones, los fracasos. Lo que hay antes de hacer el trabajo de pulir, filtrar y “pasar a limpio”. Llamamos a esta sección “En sucio”. Este mismo texto sería un primer ejemplo.

Ya teníamos con nosotros la fuerza de los cuatro elementos: el agua (Inmersiones), el fuego (Relámpagos), el aire (Inspiraciones) y la tierra (En sucio). Solo nos faltaba un nombre para la revista. Finalmente, nos decidimos por Alexia, un tipo de lesión cerebral que provoca “la pérdida total o parcial de la capacidad de leer y escribir”. Una ceguera a las palabras que obliga a mirar de nuevo, a no dar nada por sentado, a suspender estereotipos y replantearte de nuevo cómo se lee y escribe el mundo.

¿Seremos capaces de generar, ante cada historia o mundo al que nos aproximemos, una alexia que borre nuestras presuposiciones y dé lugar a la escucha?

¡Ahí vamos!

* Adolfo Estalella, Germán Labrador, María Salgado, Juan Gutiérrez, Leónidas Martín, Marc Delcan, Carmen Lozano, Gus “Guerrilla Translation”, Fidel Moreno, Margarita Padilla, Álvaro y David, Mar Núñez, Franco Berardi (Bifo), gracias a todos.