En el barrio de La Latina de Madrid hay una valla que tapa, desde 2009, el enorme agujero que dejaron las excavadoras al derribar un piscina cubierta y un polideportivo municipal. El plan urbanístico que pretendía realizarse nunca se llevó a cabo por falta de dinero. Y, con el tiempo y el esfuerzo de muchos vecinos, ese agujero se convirtió en una de las plazas más vivas de Madrid.
Si atraviesas la puerta y bajas su rampa, puedes ver a chicos jugando al básquet, un cine de verano, pandillas escuchando música, vecinos paseando al perro, bangladesíes vendiendo cerveza o vecinas, como Flavia Totoro, cuidando el jardín.
Si entras en el Facebook del Campo de Cebada, ves una foto suya que dice: Flavia es a la Cebada lo que el agua a un huerto, es la madrina mayor, la presidenta, la cuidadora, la gestora, la inspiradora, la amiga, la mediadora, la bailaora, la pintora.
Conversamos con ella para que nos dé unas primeras pinceladas de cómo surgió el Campo de Cebada y cómo funciona hoy en día.
ALEXIA

Pepe: ¿Cómo empezó el Campo de Cebada?

Flavia: El Campo de Cebada empezó hace cinco años. Había un polideportivo y una piscina en ese espacio, pero los quitaron y quedó un agujero. Se solicitó para hacer una actividad en la Noche en Blanco, fue muy bien y entonces los vecinos vieron que podían montarse cosas ahí. A partir de eso, se creó un grupo que solicitó el espacio al ayuntamiento, que se cedió a los vecinos a través de la asociación AVECLA (Asociación de Vecinos de Centro-La Latina). Más tarde, AVECLA se desprendió de la responsabilidad del Campo y entonces se tuvo que formar la Asociación Cultural Campo de Cebada para representarnos frente al ayuntamiento.

En el momento de cederlo, se dio una cantidad de dinero para la construcción de ciertas cosas básicas, como la cancha de básquet, el huerto, un contenedor para guardar herramientas… Y así empezó el Campo de Cebada, con un grupo caótico de gente que bajaba a hacer cosas y agrupaciones, como Zuloark, que también quisieron involucrarse. También coincidió en el tiempo con el 15M, muchas de sus actividades se hicieron en el Campo, así como eventos como el Piscinazo, con la reivindicación, que aún mantenemos, de que vuelvan a construir el polideportivo que usaban muchos vecinos.

Pepe: ¿Cómo es el día a día en el Campo de Cebada?

Flavia: El Campo es un ser vivo. No tiene una rutina muy definida. Intentamos que el Campo se abra todos los días, desde las once o doce de la mañana hasta las diez y media u once de la noche. Si hay buen tiempo, la gente baja, pero si es un día lluvioso no va a bajar nadie. El domingo hay más gente de fuera, turistas que pasan por ahí y ya se quedan. Depende mucho, aunque suele haber gente siempre.

Pepe: ¿Qué tipo de gente participa en el Campo de Cebada?

Flavia: Hay de todo. Bajar, baja todo el mundo, pero no todos los usuarios han participado siempre de su gestión. Los que más se ocupaban eran los del huerto, los que llevaban el tema logístico y los Cantamañanas, que son los que cantan los domingos… Otros usuarios, como el padre que baja a los niños, los chicos del básquet o el que baja a fumar todos los días, se han ido ocupando poco a poco, y eso ha sido fundamental. No sé si estaba habiendo un problema de comunicación pero nos costaba, por ejemplo, que la gente no ensuciara, porque no sabían cómo funcionaba, si creían que eso dependía del ayuntamiento, etc.

Este cambio ha sido importante porque ahora son los chicos jóvenes los que corren la voz de lo que es ese espacio a la gente más joven o que es más apática. Se han dado cuenta de que ellos también pueden llevar la llave y responsablemente cierran y abren, se dicen “esto es nuestro, mira, yo voy a abrir mañana”, y se dan importancia frente a su grupo. Es importante dar responsabilidades a las personas. Y no tienen ni porqué acudir siempre de forma física a la asamblea. A través del whatsapp pueden hablar quién cierra, quién abre; ese tipo de comunicación ha hecho que los jóvenes participen más.

Pepe: ¿Cómo se gestiona el Campo?

Flavia: Es un espacio totalmente autogestionado por un número muy reducido de gente en comparación a los que es ese lugar, en el centro de Madrid, y la cantidad de gente que pasa por ahí. La proporción de gente que pasa por allí en verano, en comparación con los que estamos participando más habitualmente, es mucho mayor y a veces se hace más complicado. Los que estamos constantes en el Campo somos cinco o seis.

Flavia en el Campo de Cebada.

Flavia en el Campo de Cebada.

Pepe: ¿Cuál es el papel de la asamblea?

Flavia: La asamblea de los lunes es importante porque ahí se gestionan algunas cosas mínimas sobre la utilización del espacio y se da el contacto entre nosotros para decir “oye, échame una mano en el huerto”, “vamos a organizar una jornada de limpieza porque está hecho un asco” o “qué bonito está, qué buenos somos”. Es ese momento en el que te puedes ver con otras personas, pero la asamblea no es el grupo de gente que decide “mañana se abre, mañana se cierra”, o sea, no es un estamento que funciona con una jerarquía, no es el Capitán del Campo. La asamblea es importante, pero no es fundamental para que el Campo exista. Lo que es fundamental es la gente, los que lo usan, incluso pasando totalmente de la asamblea.

Amador: Se dice que ha cambiado la composición del Campo, que al principio había un grupo de activistas más amplio y eso fue desapareciendo y ahora va más gente a la que no le importa tanto la política, ¿no?

Flavia: Sí, porque la apertura coincide con el 15M, toda una revolución en la ciudad, de pensamiento, de hacer, y el Campo se veía como el espacio físico reivindicativo. Pero luego mucha gente se dirigió a actividades con un impacto social más fuerte, como puede ser la PAH.

Y luego hay también un grupo importante dentro del Campo, como por ejemplo los chicos del básquet, que no son personas activistas, aunque yo los encuentro activistas desde el punto de vista social porque están ahí haciendo cosas. Pero este grupo, si viene Red Bull y les pide el Campo, no tienen ningún problema en cederlo y están encantados de la vida si les arreglen la cancha o les dan unas pelas. No tienen un cuestionamiento ético frente a eso y, en cambio hay otro grupo de gente que sí veta ese tipo de actividades.

Por eso, yo siempre hablaba de que era importante no dejar el Campo a la deriva, porque es un punto socialmente importante, aunque no se pueda politizar como uno quisiera.

Cuando Red Bull propuso hacer un torneo de básquet en la Cebada, se hizo una asamblea y había mucha gente que no quería, se intercambiaron argumentos con mucho respeto y, al final, se decidió que no se iba a hacer. Y yo estoy de acuerdo porque creo que los espacios se tienen que cuidar, porque, si no, son absorbidos por estas grandes marcas que los convierten en suyos.

Pepe: Hemos escuchado que el Campo de Cebada es un trozo de la calle, ¿en qué sentido crees que puede ser así, si es que es así?

Flavia: Una cosa que lo diferencia de otros espacios es que está al aire libre y es transparente. No hay sitios cerrados, no hay salas. Es calle cuando está la puerta abierta, pero deja de ser calle cuando se cierra la puerta. Es calle porque nadie te mira con qué entras, con qué sales y qué te llevas. Es calle en el sentido de circulación, pero no es calle porque tiene un horario, una reja y un candado.

La segunda parte de la conversación la puedes leer aquí.

Traducción al italiano