Después del recorrido que hemos hecho por los distintos problemas, preguntas y miradas en torno al Campo de Cebada y Tabacalera, continuamos la conversación con Flavia Totoro, pintora y habitante del Campo, para que nos hable de los elementos que sostienen un espacio así, las razones por las que una persona como ella sigue participando, el papel del jardín, las relaciones con el ayuntamiento y la búsqueda de la fórmula para conseguir una mayor tasa de Felicidad Interior Bruta.
ALEXIA

Pepe: A veces nos fijamos en los problemas y no nos fijamos en las cosas buenas que hacen que algo dure. Si todo fueran problemas, no ese algo duraría. ¿Por qué crees que el Campo sigue durando y por qué tú sigues yendo, después de tanto tiempo, a Campo de Cebada?

Flavia: Yo sé que a veces vives momentos difíciles y no siempre estás feliz cuando vas al Campo, pero siento que es una forma diferente de hacer barrio. Yo trabajo sola en casa y, para mí, es importante tener un sitio donde bajar, despejarme, cuidar las plantas, tomar el sol y beber una cerveza hablando con amigos. Y no es la plaza-calle, como puede ser Los Carros. El barrio está lleno de terrazas y de bares, pero tiene que haber algo más. No es la misma sensación. En el Campo siento que es un poquito mío también, donde participo, es mi segunda casa. Además, para mí representa lo que yo considero que debería ser un barrio. Si no, tendría que bajar con el perro sola a las Vistillas, sentarme y volver a casa.

¿Y por qué sigo insistiendo cuando, a veces, quiero tirar todo y me dan ganas de llorar cuando veo todo hecho una mierda? Porque creo que la insistencia de la hormiguita del día a día, de bajar, mirar las plantas, recoger las cuatro latas que encuentras, que la gente vea que tú haces cosas, eso crea en la gente un hábito diferente, yo lo he comprobado. Creo que ese trabajo pequeño es revolucionario, es empezar desde lo mínimo, tu barrio, para que el barrio sea diferente.

Pepe: ¿Qué papel tienen los distintos espacios, y grupos que los usan, para que se mantenga el Campo vivo? Por ejemplo, el huerto, las canchas de básquet, la pantalla de cine…

Flavia: Los intereses que tienes como usuario son diferentes según el espacio que más uses, aunque circules por varios espacios. Para mí, es el jardín, aunque también puedo sentarme en las gradas a escuchar un concierto, por ejemplo. Para los chicos, la esquina en la que se juntan con su banda y se fuman sus porros; para los del básquet, la cancha. Es el lugar al que tú vas y te dices “esto es lo mío”, porque es más afín a ti.

Escuchar el espacio

Pepe: ¿Y el huerto es tu espacio más afín?

Flavia: Sí, el jardín. Ahora le llamo jardín, porque era un huerto y sonaba muy lindo eso de que en el Campo hay un huerto urbano, pero era una espina en el pie y mucha gente que trabajaba en el Campo migró a los huertos de la Cornisa cuando se abrieron. Quiero decir: el huerto era un espacio muy complicado porque pasa mucha gente y están los conciertos, el que mea, el que pisa la planta, el que la toquetea, pero muy pocos tienen tiempo para dedicarlo a cuidar el huerto. Es muy frustrante. Entonces, hemos decidido escuchar al espacio y hacer un jardín en vez de un huerto. Porque a la gente le gustan las plantas, pero igual no tienen los conocimientos o la capacidad de cuidar un huerto. Entonces hemos pensado en poner chumberas, cactus, aromáticas, algo que requiera menos regado, menos cuidado y pueda soportar más el tránsito de la gente. Hemos escuchado más al espacio y ahora está hermoso. Y eso que somos pocas personas.

El Campo me gusta, pero no tanto por lo del huerto. Si no, me hubiera ido a la Cornisa, que es un huerto de verdad y da frutos, pero a mí me gusta el esfuerzo. El huerto de la Cornisa está saturado de gente, tú vas y está ya todo hecho, porque hay mucha gente participando. El Campo tiene todavía un desafío que es que las plantas resistan, que el árbol saque un frutito.

Flavia cuidando el jardín.

Flavia cuidando el jardín.

Pepe: ¿Qué crees que le da ese espacio al resto de usuarios del Campo?

Flavia: Les encanta. Estaban todos en verano muy desalentados con el huerto, pero cuando salieron los girasoles todo el mundo se acercaba a mirar. Les gusta ver verde, yo sé que les enternece encontrarse de pronto con una flor. Un día, vi a unos pingajos que siempre están por aquí regando los girasoles y me dijeron al verme: “Ah, pensábamos que no ibas a venir y no queríamos que se secaran”.

Amador: ¿Cuánta gente hay en el jardín?

Flavia: Los que tenemos una constancia somos dos personas, pero si tú llamas porque hay una urgencia para hacer algo, igual vienen ocho personas más. Todos participan, pero tiene que haber unas personas constantes que se encarguen de regar, poner el abono.

Tira y afloja con el ayuntamiento

Pepe: ¿Cómo han sido los últimos meses en el Campo?

Flavia: Está funcionando fenomenal, estoy impresionada, y yo lo adjudico a los chicos jóvenes que están mucho más comprometidos. El paso del huerto al jardín también nos alivianó mucho a nosotros y al espacio. Uno tiene que ir acomodándose a las necesidades, no puedes imponer. Además, los meses de otoño e invierno, los que nos quedamos ahí somos los más estables. Están siendo unos meses muy armoniosos.

Por otro lado, desde el verano hemos tenido dos o tres reuniones con el ayuntamiento.

Amador: ¿Ha cambiado la relación con la nueva administración?

Flavia: Antes también nos recibían, en los mismos salones, y la verdad es que no avanzamos nada y eso es algo que nos tiene un poco hartos. Entendemos que es la lentitud de los procesos, que el ayuntamiento tiene que encajar miles de otras cosas antes que estos problemas, pero hay muchas conversaciones y pocos actos que, para nosotros, son fundamentales y para el ayuntamiento no significarían tanto problema. Pero es todo ese protocolo burocrático el que imposibilita que las cosas sucedan. Por poner un ejemplo, algo que estamos pidiendo desde hace años, y ahora con más insistencia, son contenedores de punto limpio, un contenedor amarillo, un contenedor azul, uno para las latas, contenedores grises para poder sacar la basura a la calle, porque si la sacas con bolsas no se la llevan y te multan. Y está siendo imposible. Viene un inspector, mira y dice “aquí no, porque no puede subir el camión”. Hay un montón de pequeños detalles que imposibilitan una cosa que es tan simple, que no requiere dinero. Y no queremos que bajen los barrenderos, queremos barrer nosotros, pero pedimos escobillones, y está siendo imposible.

Otro ejemplo, nosotros estamos colgados a la luz y el agua. Tarde o temprano, nos puede caer una multa o nos puede traer un problema, pero el ayuntamiento dice “úsenlo, si no hay problema”, pero no está bien. Si tenemos que poner un contador y pagar una vez al año una suma pues ya nos arreglaremos, haremos una fiesta y buscaremos el dinero, pero no queremos esta situación.

Armonía entre diferentes

Flavia: Una última cosa, antes de cerrar. Ayer vi un vídeo de YouTube en el que trataban de medir lo que es la Felicidad Interior Bruta de un país. No es fácil. Tiene que haber ciertos aspectos que han de estar resueltos: la salud, la educación, lo básico de una sociedad, que tampoco significa que va a haber personas felices, pero hay que empezar por ahí.

El Campo es un poco así, es muy difícil de entender, medir por qué funciona todavía, por qué el hoyo lleva cinco años y todavía da gusto estar ahí. Y es porque hay ciertos aspectos que, por suerte, van encajando bien. Ojalá, en algún momento, pueda hacerse una suerte de guía de cómo conseguir la felicidad en espacios como el Campo, una fórmula. Es muy complicado pero ojalá que se puedan ver cuáles son las cosas que confluyen para que un espacio pueda tener este respeto y nivel de vida que tiene el Campo.

Amador: ¿Y cuáles dices tú que serían esos aspectos?

Flavia: Para mí, es fundamental la voluntad de respeto, de escucharse. No querer imponer algo, sino escuchar al espacio y a las personas que tienes alrededor. Y la voluntad de seguir creyendo que ese pequeño gesto, ese pequeño hábito cotidiano de ir, recoger cuatro latas, barrer, hace un cambio. Y si yo no creyera en eso, es que no iba nunca más. Que recojan ellos su mierda.

Amador: ¿La felicidad del espacio tú dirías que pasa por esa escucha o por más cosas?

Flavia: Y por ese respeto, porque haya un grupo en una esquina escuchando su música y fumando su porro y haya otro chico jugando básquet y la pelota cae al lado y no pasa nada, y luego están otros tocando la guitarra, yo trabajando en el jardín, y viene uno y me ayuda, y hay un armonía que funciona. Una armonía entre diferentes edades, diferentes gustos, diferentes hábitos. Incluso cuando hay actividades, ya sean Cantamañanas, un teatro o el circo, hay gente que está en ellas, mientras también hay otras personas haciendo otras cosas. Y pensando diferente. No hay por qué alinearse, no hay por qué pensar igual.

Traducción al italiano

Primavera en el Campo. Autor: r2hox. Licencia Creative Commons.

Día de primavera en el Campo. Autor: r2hox. Licencia CC.