2011: las protestas de Tahrir supusieron una politización sin precedentes en grandes sectores de la población, se forman nuevas redes y se redefinen las relaciones. Tras 2011 se produce una explosión creativa en forma de grafittis, proyectos musicales y programas de sátira política. 2016: hoy en Egipto se vive claramente contrarrevolución. Ha regresado el  miedo, aunque no la apatía pre-2011, y ahora pueden verse, en perspectiva, las fortalezas y los talones de aquiles de aquel movimiento. Es momento de aprender a celebrar también las pequeñas victorias y a no olvidar, como dice Hoda, que “la libertad no se ganará por un solo golpe decisivo sino por una serie de golpes escalonados”.
Hoda Elsadda es profesora de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad de El Cairo; activista por los derechos de la mujer; co-fundadora y Presidenta del Foro de la Mujer y de la memoria; autora de Género, Nación y novela árabe: Egipto: 1892-2008; y miembro del comité que redactó la constitución egipcia en 2014. Cuando estalló la revolución, el 25 de de enero de 2011, renunció a su cargo como Presidenta en el Estudio del Mundo Árabe Contemporáneo de la Universidad de Manchester y regresó a El Cairo.
Hoda Elsadda

¿Sigue vivo, y cómo, el legado de las plazas?

Mientras que la energía para la movilización, el activismo y las protestas en las plazas ha caído casi completamente, su legado todavía está intensamente vivo en la cabeza y el corazón de quienes participaron, física o virtualmente. Los 18 míticos días entre el 25 de enero y el 11 de febrero de 2011 (es decir, entre el comienzo de las protestas y el día que dimitió Mubarak) están inscritos en nuestra imaginación y se recuerdan aún con nostalgia y anhelo. Por supuesto, no todos los egipcios comparten esta narrativa (no existe tal cosa como una única narrativa), pero sí es la de muchos que se inspiraron de la ola revolucionaria y soñaron con futuros mejores y más justos.

El legado de las plazas no se limita a la imaginación, también se manifiesta en las esferas sociales, culturales y políticas. A nivel social, la vida en la plaza en sentido metafórico desembocó en la formación de nuevas redes, nuevas amistades, nuevas alianzas, a la vez que reconfiguró y reorganizó las ya existentes. Es decir, la gente hizo nuevas amistades y perdió otras; las relaciones, incluso entre miembros de la misma familia, se redefinieron; los hijos e hijas se rebelaron contra sus progenitores y les acusaron de conservadurismo político; algunas mujeres se unieron a las protestas mientras que sus parejas se quedaron en casa; las hijas de ricos empresarios se unieron a las protestas para reclamar una distribución más justa de la riqueza; magnates de los negocios, con grandes inversiones en estructuras de poder, se encontraban entre los manifestantes. Esto ocurría a la vez que nuevas variables, políticas y éticas devinieron cruciales en nuestra evaluación de nuestro lugar en el mundo, de nuestras relaciones, de nuestra definición de lo correcto y lo incorrecto, de lo bueno y lo malo. Esta reorganización de las redes y las relaciones basada en la vida en las plazas continúa a pesar de la disolución de las plazas y está cargada de promesas y potencial.

A nivel político, surgieron un buen número de iniciativas: nuevos partidos políticos, nuevos grupos de presión, nuevas organizaciones, tanto formales como informales. Muchas de estas iniciativas murieron o fueron desmanteladas. La mayoría de los partidos políticos que se formaron post-2011 no han logrado consolidar sus redes: algunos se disolvieron y otros siguen luchando por ganar legitimidad y seguimiento. La energía y el entusiasmo que los empujó al frente de la vida política en 2011 ha desaparecido en gran parte, sobre todo debido al contexto hostil y a la campaña de difamación orquestada por la vieja oligarquía contra los partidos políticos y agentes de cambio: una contrarrevolución de manual. Lo que queda claro ahora en 2016 es que el contexto político no va a conducir a la creación de partidos fuertes que puedan competir seriamente por el poder en las urnas, ya que la élite actual está cerrando diligentemente los espacios políticos que se abrieron en 2011, haciendo que sea casi imposible organizarse y movilizarse.

A nivel cultural, surgieron un buen número de iniciativas post-2011. Estas se mantuvieron algo más de tiempo en comparación con las iniciativas políticas.

¿Cuáles han sido los efectos, los logros o las victorias (más o menos visibles) de los movimientos de las plazas?

Los movimientos de las plazas tuvieron dos impactos fuertes. El primero, fuimos testigos de una politización sin precedentes de grandes sectores de la población, al margen de la narrativa política a la que se adhiriesen. Es decir, ahora tenemos dos narrativas distintas y opuestas sobre lo que ocurrió en 2011: una pro-revolución, que plantea que el 2011 fue una ola revolucionaria que atravesó Egipto y el mundo árabe por un sueño de futuros mejores, pero fue frenada y derrotada; y otra narrativa anti-revolución que ve el movimiento de las plazas como una conspiración desde el primer día, cuyo único objetivo era diezmar al Estado y convertirlo en una presa fácil para sus adversarios extranjeros. El campo pro-revolución se politizó, y, aunque muchos de sus miembros se desilusionaron o ahora se sienten derrotados, son conscientes del potencial y de las posibilidades que eran impensables antes. El campo anti-revolución, aunque no es crítico con la dirección que ha tomado el Estado, de hecho apoya todo y cualquier cosa, sí reconoce los fracasos de la élite gobernante a la hora de llevar a cabo las promesas que hicieron. Ha desaparecido la apatía política de la que nos quejábamos antes de 2011.

Autor: Ali Mustafa

Autor: Ali Mustafa*

El segundo impacto fue la apertura de espacios políticos en 2011, que permitió discusiones profundas sobre distintas cuestiones sociales y políticas que habían sido siempre temas tabú. Por ejemplo, se reconocieron las tensiones entre musulmanes y cristianos y se abordaron de un modo que nunca antes había sido posible. La constitución aprobada en 2014 obligaba al Estado a que aprobara una ley que regulara la construcción de iglesias, acabando así con una vieja injusticia (una directiva de 1856 que imponía restricciones discriminatorias sobre la construcción de iglesias en Egipto) que embarraba las relaciones entre musulmanes y cristianos. Otro logro importante: gracias a la apertura de espacios políticos se aprobó en junio de 2014 la ley que penaliza las agresiones sexuales. Este fue otro tema tabú que se escondió bajo la alfombra durante décadas hasta que finalmente se abordó y discutió seriamente en público tras las violentas agresiones contra mujeres a partir de 2011.

¿Cuáles dirías que han sido las características del movimiento que pueden ser más importantes, más fecundas, para el futuro de la política de transformación social?

El movimiento de la plaza de Tahrir puso en cuestión la efectividad de la democracia representativa. Las movilizaciones masivas y la política de la calle se convirtieron en los espacios preferidos para la expresión política. Los ciudadanos comunes recuperaron la confianza en su capacidad de agencia y de influir la dirección de la política de Estado. “Conocemos el camino de vuelta a Tahrir” sigue siendo una inspiración para muchos, y la pesadilla de los regímenes gobernantes.

El movimiento también llevó al reordenamiento de las alianzas y redes que trascendían la clase, la afiliación religiosa y la ideología. Por fin era posible que gente con intereses o apuestas muy distintas se uniera a trabajar por un objetivo común.

Finalmente, el movimiento ha redefinido la imagen y perfil del manifestante. En Egipto, la imagen más compartida era que los manifestantes/agitadores/personas que causaban disturbios, eran pobres, de clase obrera o marginales. El movimiento de Tahrir anuló esta imagen y propagó un perfil mucho más complejo y diverso.

Todas estas características tienen el potencial de generar un pensamiento político mucho más creativo y fuera de los marcos previos.

Los movimientos de las plazas fueron acontecimientos que activaron una creatividad ilimitada. ¿Qué efectos ha tenido esta explosión en el campo cultural, en el campo de la creación y la expresión?

Sin lugar a dudas, en el 2011 y después se dio una explosión de creación cultural. Surgieron nuevas expresiones culturales que reflexionaban sobre el momento y la energía, que extendían esperanza e inspiración y se convirtieron en la memoria del movimiento. Tres ejemplos:

1) Floreció el arte del graffiti y los murales, convirtiéndose en una expresión artística de la revolución que narraba la historia de la revolución, sus objetivos y esperanzas, los éxitos y contratiempos. El graffiti es un arte de la calle, que representa la política de la calle, una nueva forma de implicarse en política que ha sido un sello distintivo de las revoluciones árabes. El graffiti es accesible, inmediato, atractivo, colectivo, común. Es un archivo de código abierto que permite la participación interactiva, un proceso dinámico que captura el dinamismo de los procesos revolucionarios. El graffiti en los muros contaba las historias que quedaban fuera de la historia oficial. Conmemoraba la memoria de los mártires, hombres y mujeres jóvenes que perdieron la vida. Les dio nombre y rostro. Los graffitis más famosos se inscribieron en los muros de la calle de Mohamed Mahmoud, donde ocurrieron las batallas más violentas en los últimos dos años. El grafiti se convirtió en el lugar de batalla. En septiembre de 2012, los funcionarios públicos pintaron los muros de la calle Mohamed Mahmoud de blanco, bajo supervisión policial. Casi al instante, los grafiteros y otros manifestantes se unieron y repintaron los muros con los dibujos más desafiantes.

Jaque Mate

Jaque Mate

2) Una de las expresiones creativas más fascinantes del espíritu y psique colectivo de la revolución fue el proyecto del Coro. Este fue un esfuerzo colectivo en el que los jóvenes discutían sobre cuestiones de actualidad, escribían canciones entre todos y las musicalizaban, para después cantarlas como un coro en actuaciones públicas. Sus canciones capturaron el pulso de los acontecimientos y los narraron desde el punto de vista de los jóvenes participantes en los movimientos. Las canciones del coro registran y capturan las cuestiones clave, los acontecimientos más importantes y los cambios en el humor y mirada de los egipcios que vivieron el post-2011.

3) Al-Bernameg, un programa de sátira política que salió en 2011, presentado por Bassem Youssef, e inspirado en el John Stewart’s Daily Show, ganó una popularidad enorme en Egipto y en el mundo árabe. En 2013 lo prohibieron.

Los tres ejemplos que he mencionado ya no son posibles. Prohibieron la emisión del programa de sátira política de Bassem Youssef. El proyecto del Coro murió con el cierre de los espacios políticos que permitían y alentaban la libertad de expresión y las iniciativas colectivas. Los artistas grafiteros ya no pudieron seguir ejerciendo su arte pues se arriesgaban a que les detuvieran y a penas muy duras de cárcel. Los centros de arte progresistas que se habían hecho tan populares fueron cerrando.

Sin embargo, también es cierto que las actividades culturales pueden ser y se han convertido en la política con otros medios. Así era antes del 2011 y así es ahora.

¿Cómo se ha tratado de desactivar la potencia de los movimientos y las nuevas formas de politización? ¿Se ha producido una contra-revolución autoritaria? ¿Dirías que las vidas han vuelto a la normalidad?

Ahora, en 2016, estamos viviendo una contrarrevolución en toda regla. El presidente destituido Mubarak ha salido tras cumplir una pena de tres años por corrupción. No se le acusó formalmente del asesinato de manifestantes en 2011, ni se le atribuyó la responsabilidad del deterioro del país. Aunque técnicamente es un hombre libre, ahora vive en una habitación de un hospital bajo la custodia y protección de la policía militar, en lo que se ve como un acuerdo con el ejército para evitar causar agitación y malestar. Sus dos hijos también están en libertad; Gamal, que iba a ser su sucesor, y Alaa, el empresario. Casi todos sus compinches del viejo régimen están en libertad, a pesar de haber sido declarados culpables por los tribunales. El resto de los socios de Mubarak están negociando acuerdos de reconciliación con los tribunales, a los que pagarán dinero a cambio de que se les quiten los cargos. Al mismo tiempo, muchos de los hombres y mujeres jóvenes más conocidos que estuvieron en primera línea, en la revolución del 25 de enero, ahora están tras las rejas cumpliendo sentencias basadas en falsos cargos en procedimientos legales extraordinarios. La lista es larga y devastadora.

Efectivamente, el activismo callejero casi ha muerto. La barrera del miedo que se rompió en 2011 ahora ha vuelto oficialmente. Participar en una protesta que desafíe las políticas del Estado ahora mismo es casi suicida, pues la policía tiene licencia para disparar y matar con impunidad, y las detenciones masivas indiscriminadas conllevan sentencias muy duras. La sentada más mínima puede y ha sido dispersada con la máxima brutalidad. Sin embargo, las protestas laborales han continuado en la forma de sentadas, marchas, y huelgas. Están sobre todo vinculadas a conflictos salariales y despidos punitivos. En la primera mitad de 2014, el Centro para el Desarrollo Socioeconómico El-Mahrousa contabilizó 1.651 protestas laborales. En 2015, el Democracy Meter documentó 1.117. Más recientemente, el 15 de abril de 2016, miles de personas tomaron las calles para protestar contra la cesión de dos islas, Tirán y Sanafir, a Arabia Saudí, una decisión del gobierno actual que muchos han considerado un acto inconstitucional de pérdida de soberanía egipcia. Hubo otro llamamiento a una manifestación el 25 de abril, un día festivo oficial para conmemorar la retirada de las fuerzas israelíes de la península de Sinaí en 1982. Ese día, todas las plazas de Egipto y los centros urbanos importantes fueron rodeados por barricadas de la policía, haciendo que fuera imposible que la gente se congregara. Unos cuantos cientos de personas lograron marchar juntos, pero fueron inmediatamente dispersadas con gas lacrimógeno. Muchos activistas conocidos fueron detenidos en sus casas antes del día 25 y otros cientos de personas fueron detenidas el mismo día. El 15 de abril de 2016, 115 de los supuestos manifestantes recibieron duras sentencias de cárcel.

“Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo aún tiene que nacer” ha demostrado ser una declaración muy sabia. Estamos viviendo una nueva normalidad, pero aún no hemos captado las reglas del juego o, más bien, la nueva normalidad todavía no ha calado. Ha vuelto el miedo, pero no exactamente de la misma forma, porque aún no se ha fundido con la apatía. Aunque muchos han decidido parar y centrarse en sus vidas personales, otros todavía quieren participar de la vida política con cautela; algunos se han reagrupado y redirigido sus intereses a espacios más seguros, otros continúan asumiendo grandes riesgos tanto para su vida como para sus medios de subsistencia.

¿Crees que movimientos como los de las plazas tienen “límites intrínsecos”? ¿Qué se pudo hacer mejor? Las “grandes ausencias” en ellos (ausencia de jefes, de programa, de estructuras…), ¿han sido potencias o límites?

Las grandes “ausencias” del movimiento de las plazas fueron ciertamente fortalezas en un momento temporal concreto. La ausencia de un líder fue fundamental para desviar la represión estatal: las fuerzas de seguridad no tenían un nombre y dirección al que pudieran reprimir. También alimentó la sensación de pertenencia al movimiento e hizo que sus éxitos y fracasos fueran responsabilidad de quienes participaban. La ausencia de un líder también maximizó el compromiso y la dedicación. Las plazas tenían estructuras pero eran horizontales, no jerárquicas. En momentos de agitación y confusión esto fue una ventaja, pues permitía que los participantes superaran pequeños conflictos acerca de roles o estatus. La ausencia de programas, o de una ideología específica empoderó al movimiento y permitió que se dieran alianzas, que hubiera sido imposible imaginar previamente. Gente de todo tipo de creencias y colores se congregó bajo un mismo objetivo: sacar al dictador para abrir el camino hacia un orden social más justo. Las plazas se convirtieron en una realidad alternativa, en la expresión de una utopía inspiradora y motivadora.

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Autor: Ali Mustafa*

Sin embargo, algunas de sus fortalezas también fueron el talón de Aquiles del movimiento. La utopía se les subió a la cabeza a los participantes, alentándoles a ser maximalistas e inflexibles. La ausencia de un líder que diera confianza y que pudiera negociar de parte de la revolución con las estructuras de poder, con el aparato de seguridad, que pudiera haber hecho los compromisos y acuerdos políticos necesarios para ir un paso más hacia una sociedad más democrática, fue un perjuicio para el movimiento. No hubo ningún líder así y cualquiera que se atreviera a comprometerse a algo era condenado y visto como un traidor a la revolución. Esto dejó la puerta abierta para que los oportunistas políticos tramaran oscuros acuerdos que socavaron el momentum revolucionario y llevaron finalmente a la desaparición de la revolución. La ausencia de estructuras permitió que el único grupo organizado en el país, los Hermanos Musulmanes, tuviera una victoria arrolladora en las siguientes elecciones.

¿Podemos repensar lo político? En Egipto, y tras la experiencia de la victoria arrolladora de los Hermanos Musulmanes, muchos cuestionaron las normas que regulan la democracia representativa y argumentaron que igualar la democracia a los procesos electorales era de hecho un papeletacracia, que había vaciado la gobernanza democrática de su significado y la había reducido a aspectos técnicos que no reflejaban necesariamente la voluntad de la población. Muchas democracias se encuentran en estos momentos agonizando en manos de las élites poderosas con dinero.

¿Cómo pensar el problema de la permanencia-duración de los movimientos?

¿Podemos pensar en nuevas formas de organización? ¿En hubs (lugares de encuentro y conexión), en lugar de instituciones jerárquicas formales, hubs que unan a la gente alrededor de una idea, un objetivo?

¿Cómo ha sido la relación de las plazas con la política que aspira a representarla o expresarla o traducirla electoral, institucionalmente? (Syriza, Podemos, Bernie Sanders, etc.)

En Egipto, el momento, el clima no es propicio para la creación y consolidación de partidos. Es más bien el momento de pensar en formas alternativas de organizarse y movilizar. Necesitamos reflexionar fuera del marco, con una nueva perspectiva e imaginar nuevas formaciones, posiblemente hubs, en torno a los cuales la gente se pueda congregar y trabajar juntos.

En el “tiempo del después”, es decir, cuando ya no existe la plaza llena, o el movimiento como centro de energía, ¿cómo continuar sin deprimirse, sin nostalgia?

Las grandes expectativas frecuentemente conducen a grandes decepciones. Esto es el caso de muchas personas que vieron como su esperanza se aplastó despiadadamente. En estos tiempos, es importante mantener la vista centrada en lo que hemos logrado y ponerlo en valor, celebrar las victorias por muy pequeñas que sean. La lección que aprendimos de Tahrir es que la batalla por la libertad no se ganará por un solo golpe decisivo, sino por una serie de golpes escalonados.

¿Qué os sirvió de lo que visteis o supisteis que ocurría en otras plazas? ¿Qué crees que a otras plazas podría servirle de la experiencia de la tuya? ¿Tienes algún mensaje para ellas?

La plaza de Tahrir fue una inspiración para muchas otras plazas. Recuerdo recibir mensajes de solidaridad y apoyo de amigos y colegas de todo el mundo. Todos me contaban que estaban a la televisión, siguiendo muy de cerca cómo se desarrollaban los acontecimientos. Creo que el mundo entero fue cogido por sorpresa, al ver cómo un país del mundo árabe se levantó contra sus gobernantes para exigir pan, libertad y dignidad. Estas demandas resonaron muy fuertemente entre el 99% de la población mundial que es explotada por el 1% que controla gran parte de la riqueza y los recursos. Los movimientos de las plazas en muchos países convirtieron la batalla en una lucha más global que local. El conocimiento de la existencia de otras plazas fue una fuente de inspiración y empoderamiento. Ganaremos, porque nuestra lucha es justa.

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 Traducción de Ethel Odriozola

Índice del dossier: “De Tahrir a Nuit Debout, la resaca de las plazas”


*Ali Mustafa fue un periodista independiente egipcio-canadiense que documentó algunos de los acontecimientos más importantes de la revolución egipcia. Ali no fue un periodista ordinario. Fue un hombre del pueblo, compartía su sufrimiento y siempre estaba al lado de su lucha, a pesar de la ilusoria objetividad del periodismo. El periodismo de Ali fue más allá del conflicto. Abarcó las huelgas de los trabajadores, los abusos en las prisiones, las familias de los mártires, la violencia contra las mujeres, el arte callejero y las elecciones.

Algunas de las fotos más emblemáticas de la revolución egipcia fueron sacadas por Ali durante la Batalla de la Calle Mohammed Mahmoud en el 2011 y 2012 y en la Masacre Rabya Adawaya en el 2013. En ésta, Ali fue herido y casi asesinado por las fuerzas de seguridad mientras intentaba llegar a las morgues temporales.

Después de sobrevivir a Egipto, Ali viajó a Siria para cubrir la guerra en el norte del país. Cubrió las misiones de rescate de los Cascos Blancos mientras que los ayudaba en sus esfuerzos por rescatar a los heridos y recoger a los muertos. Ali fue bienvenido por el pueblo de Alepo y lo vieron como uno de ellos.

En marzo de 2014, Ali regresó a Alepo para cubrir la guerra y la crisis humanitaria. El 9 de marzo, mientras ayudaba a los Cascos Blancos en sus misiones de rescate, una bomba de barril lo mató. En el momento de su muerte, Ali estaba trabajando de forma independiente y apenas tenía suficiente dinero para salir de Alepo.  Su legado se recuerda aquí.

Durante el tiempo de Ali en Egipto, cultivó relaciones cercanas con muchos egipcios que se convirtieron en su familia revolucionaria. Se puede ver un vídeo de tributo de la familia revolucionaria de Ali en Egipto aquí.

Y aquí puede leerse un artículo sobre Ali y los peligros a los cuales todos los periodistas que no sean blancos se enfrentan en la región.