Nuit Debout ha sido (por el momento) el último de los “movimientos de las plazas”. En una situación política bien complicada -entre atentados terroristas y leyes de emergencia-, una juventud en luto se convirtió en marzo de 2016  en una juventud en lucha. Aunque aún es pronto para medir sus efectos y vislumbrar sus “vidas posteriores”, aunque quizá la Nuit Debout no ha tenido el alcance de otros movimientos de las plazas o bien sólo es un punto más de una constelación de iniciativas en movimiento, en Alexia nos ha parecido que no se podía cerrar bien este dossier sin requerir un primer balance sobre su existencia. La ausencia de “campamento” en la plaza de République, la cuestión del trabajo o las políticas de seguridad son algunas de las claves para pensar lo ocurrido en Nuit Debout. Pablo Lapuente es uno de esos “exiliados del neoliberalismo” que se marchó de España para vivir y trabajar fuera. Vivió el 15M, participa en Podemos París y se implicó desde el primer minuto de lleno en la organización de République.  Es estudiante de filosofía, trabajador precario y poeta.
Pablo Lapuente Tiana

Todavía es pronto para medir el alcance de Nuit Debout en Francia, más allá de constatar que, tras un par de años de silencio, el ciclo de movilizaciones globales comenzado en 2011 tenía mayor alcance de lo que imaginábamos. Tras Nuit Debout no podemos concluir la historia de los movimientos de las plazas con la misma seguridad que antes. Estos movimientos se han declinado de maneras diferentes dependiendo de la realidad de cada país, pero también han estado dialécticamente engarzados entre sí; todos nacieron casi simultáneamente y, al menos las acampadas, tuvieron unas dinámicas parecidas.

Nuit Debout ha tenido suficiente tiempo entre medias como para haber asimilado estas movilizaciones a su ADN, particularmente con respecto al 15M, que ha reivindicado a menudo, llegando incluso a celebrar su quinto aniversario en la plaza de la República. No obstante, las movilizaciones en Francia, como no podía ser de otro modo, han tenido desde el primer momento características propias que merecen ser desgranadas, con sus aciertos y errores, para, al menos, tratar de ver qué podemos aprender de la experiencia francesa.

Siete meses más tarde, ahora que la plaza de la República se ha vaciado y que la reforma laboral parece no tener vuelta atrás –y en mi caso particular, ahora que he emigrado a otro país-, la realidad fragmentada de aquellos días comienza, si no a unificarse, al menos a formar bloques más consistentes que en este artículo dividiremos en cuatro. Cuatro mapas que nos orienten en lo que pueda venir.

La plaza de la República

Una primera diferencia de Nuit Debout con respecto a las experiencias previas es que, tras unos intentos frustrados por la policía, nunca hubo campamento en cuanto tal. La plaza fue sometida a un control mucho más estricto, dificultando la permanencia de las instalaciones, que eran montadas y desmontadas diariamente. Esto produjo dos consecuencias. Por un lado, permitió una cierta emancipación de la plaza de la República como lugar de referencia, dando una cierta elasticidad a la topografía de Nuit Debout, que vaciaba la plaza para desplazarse a los teatros ocupados por los intermitentes del espectáculo o a la Asamblea Nacional. Por otro lado, la ausencia de campamento y, en general, la poca organización material, reforzó la importancia de las asambleas, que ordenaban las afluencias en horarios relativamente fijos, reduciendo la plaza a un lugar de encuentro en torno a actos programados. Por todo esto, no es de extrañar que la toma de la palabra fuera el elemento central de la política que allí se puso en marcha.

Autor: Francis Azevedo

Autor: Francis Azevedo

La asamblea, lo vimos en el 15M, es fundamental como elemento cohesionador de una comunidad política, pero ineficaz en un sentido de funcionalidad. La asamblea general de Nuit Debout no se ha demostrado como un espacio de toma de decisiones, ni siquiera como un espacio de discusión horizontal, por mucho que cualquiera tenga derecho a tomar la palabra. La palabra no está distribuida en igualdad de condiciones entre individuos libres, lo cual es especialmente remarcable en un país como Francia, donde la oratoria y la retórica jerarquizan el habla hasta crear, de facto, diferentes idiomas de uno solo. La centralidad de la asamblea hizo caer a Nuit Debout en lo que Frédéric Lordon llamó “ciudadanismo intransitivo”, con voluntad puramente enunciativa, que alienó a Nuit Debout de una organización más material de las cosas, de la que se ocupó sobre todo la acción sindical.

Los sindicatos

Desde su nacimiento, Nuit Debout ya tenía un marco concreto de lucha: las movilizaciones contra la reforma laboral del gobierno de François Hollande. La primera convocatoria a ocupar la plaza tuvo lugar tras la gran manifestación sindical del 31 de marzo, y fue anunciada como una continuación de la jornada de protesta, con la proyección de la película “Merci patron!” y la perspectiva de pasar la noche en vela. No había más que echar un vistazo para darse cuenta de que los ocupantes de la plaza formaban un conjunto diferente al que que se había manifestado horas antes, como si la noche hubiera transformado los trabajadores sindicados de mediana edad en jóvenes estudiantes precarios, educados bajo una cultura y formas de acción muy diferentes. Uno de los mayores logros de aquellos días fue visibilizar la acción de los estudiantes y los jóvenes de clase media frente a la deriva neoliberal del gobierno francés, expresada desde sus problemas específicos.

La acción sindical dio inmediatamente consistencia a Nuit Debout y dirigió la lucha y la reflexión hacia el mundo del trabajo. Gracias al trabajo de algunas comisiones y de plataformas como convergence des luttes, se logró dar al precariado una proyección desconocida en Francia, logrando movilizar toda una franja de la población que era ajena a un sindicalismo ausente en su ámbito laboral. Las luchas del mundo del trabajo ocuparon el centro de las actividades de Nuit Debout, supliendo la poca relevancia que el 15M le dio en España. Los sindicatos tradicionales y las plazas ocupadas comprendieron lo necesaria que era su unión para hacer frente a la reforma laboral (quizás con la memoria puesta en la malograda unión de los trabajadores y los estudiantes en mayo del 68), y escenificaron su voluntad de entendimiento en la plaza de la República cuando Philippe Martinez, secretario general de la CGT, tomó la palabra en la asamblea general, en lo que se consideró un golpe de timón del primer sindicato de Francia hacia una postura más beligerante contra el gobierno.

Una discusión importante, pues, fue la de cómo construir un sindicalismo con capacidad de penetrar en el trabajo precario, lo que en Francia tendría un precedente histórico en los intermitentes del espectáculo. Habrá que esperar para ver qué puede resultar de esta cuestión. En todo caso, la tentativa práctica de un nuevo sindicalismo marca “Nuit Debout” se vio en gran parte subordinada durante los meses de movilizaciones a las lógicas y los tiempos de la lucha contra la reforma laboral, y, por tanto, también a sus resultados, de modo que no fue posible desligar el destino de una cosa y la otra, con sus efectos materiales y subjetivos. Las condiciones que permitieron movilizar a la juventud precaria fueron también causantes de desmovilizarla un tiempo más tarde, cuando el gobierno hizo pasar la reforma laboral por decreto.

La ZAD

La ocupación de la plaza de la República abrió diferentes concepciones sobre el sentido y la función de ocupar un espacio urbano, que ganaron o perdieron fuerza en función de las circunstancias. Si en un primer tiempo, con el beneplácito de la imagen más bien simpática que había cosechado en la opinión pública, hubo una expansión de Nuit Debout hacia fuera de los contornos de la plaza; la violencia y el control policial constantes contribuyeron a contraerla progresivamente, encerrando la plaza en un movimiento defensivo conforme aumentaba el conflicto.

Autor: Francis Azevedo

Autor: Francis Azevedo

En este momento se impuso la tendencia a hacer de la plaza, digámoslo así, una ZAD (zona a defender), consagrada fundamentalmente a la resistencia, en la que, si no se quería perder el terreno conquistado, las provocaciones de la policía no debían quedar sin respuesta. Aquí, una parte del movimiento Nuit Debout habría cometido, a mi entender, dos errores tácticos: considerar que se podía ganar algo en una confrontación abierta con la policía, y concebir la plaza como un territorio más bien a defender que a abrir. Así como hubo un “ciudadanismo intransitivo” que condenó las asambleas a espacios de autoafirmación identitaria, la insuficiencia táctica de ciertos grupos autónomos tampoco permitió ir mucho más lejos.

Con la voluntad de imponer una lógica de la resistencia, estos grupos se esmeraron en hacer de la plaza y de las manifestaciones espacios políticos a su imagen y semejanza, idóneos para el gobierno, que pudo encajar Nuit Debout en una cuestión más de orden público que político. Cuanto más fue imponiéndose la imagen de la plaza de la República como ZAD, más fue contrayéndose y mejor funcionó la estrategia represiva del gobierno. Cuanto más cerraban la plaza los militantes, más la cercaba la policía y menos gente acudía. En este sentido, creo que el peso y la influencia de ciertos movimientos autónomos en la izquierda francesa jugó en contra de las posibilidades que Nuit Debout tenía de volverse un movimiento popular más amplio.

El estado de emergencia

Nuit Debout hizo, como poco, una poderosa contribución: luchar contra el miedo instalado en la sociedad francesa y tener éxito, al menos en lo que se refiere a desactivarlo en los espacios públicos. Recordemos que Francia vivía entonces, y sigue viviendo, bajo un estado de emergencia decretado con motivo de los ataques de DAESH, y que, desde un primer ministro que nos habla de “guerra de civilizaciones” hasta la omnipresencia de militares en las calles, se había logrado consagrar el miedo como el único elemento vertebrador de la sociedad francesa.

El miedo dispone de una legión de intelectuales, de medios de comunicación, así como de la práctica totalidad de la clase política, que no encuentra ya otra forma de galvanizar al electorado que apelando a él. Ya no es sólo el miedo al terrorismo, lo es también a la policía, al desempleo, a la precariedad, al extranjero y, por supuesto, el miedo a la calle, a los espacios públicos. En esta tesitura, el gobierno se valió de la conmoción producida por los atentados yihadistas para prohibir las manifestaciones, imponer residencia forzada a ecologistas durante la COP21 y efectuar registros domiciliares sin orden judicial, construyendo una nueva normalidad a partir del estado de excepción permanente.

Fue precisamente la juventud atacada en los atentados de Bataclan, la juventud parisina de clase media, la que hizo frente a estas políticas llenando las plazas, dejando al desnudo el discurso de la seguridad, sobre todo a partir del momento en que la policía comenzó a atacar a esa misma juventud, a mandarla al hospital con la cabeza abierta o con un ojo reventado. Esos jóvenes, los de la generación Bataclan, mostraron que el mundo de la reforma laboral está también hecho de miedo y que los ataques a los derechos de los trabajadores vienen del mismo cauce que la deriva autoritaria en la que está inmersa la V República.

Así pues, uno de los logros de Nuit Debout fue confrontar el relato que sostiene el estado de urgencia y mostrar la violencia social del capitalismo hacia los parados, los habitantes de las banlieues e incluso hacia aquellos cuya protección justificó hacer de la guerra el modo de gobernanza. En las plazas, el miedo era irrelevante, y eso hizo irrelevante de algún modo las políticas del gobierno; desactivada la guerra, se activó el conflicto social. Este hecho merece ser tenido en cuenta en lo sucesivo, en vista de la deriva que tanto Francia como otros países están tomando con relación a la política de seguridad.

Es un acierto de Nuit Debout haber creado condiciones para políticas alternativas a las de mera gestión del miedo, sin embargo, no parece que haya logrado resistir el pulso contra el estado de emergencia. Tras unos meses de verano de obsesión identitaria (acordémonos del burkini) y de tiempos marcados por las próximas elecciones presidenciales, la plaza de la República no ha vuelto a llenarse. Nuit Debout, suponemos, concluyó como episodio, o acaso sólo el que incumbía a las plazas. Como fenómeno de mayor alcance, es seguro que ha abierto un espacio que ya no puede clausurarse fácilmente y del que todavía tendremos que esperar nuevas declinaciones.

Índice del dossier: “De Tahrir a Nuit Debout, la resaca de las plazas”