México es un país de una heterogeneidad desbordante, pero el poder se concentra en una oligarquía política y mediática completamente blindada. #Yosoy132 nació  como desafío a esa cultura política autoritaria para exigir (y dar ejemplo de) una democratización real de la palabra y el poder de decisión. Esa cultura política autoritaria no es sólo patrimonio del PRI, sino una forma de hacer y pensar que impregna también a los demás partidos e incluso a los movimientos sociales. #Yosoy132 “revolucionó la revolución” con sus maneras de hacer horizontales e inclusivas y, en ese sentido, marcó a toda una generación (no limitada a la edad) promoviendo una nueva sensibilidad política y vital. Disperso para mejor combatir a un poder centralizado, ahora en diáspora más que en latencia o en reflujo, la sensibilidad de #Yosoy132 impregna hoy distintos movimientos que desafían el poder de muerte que rige hoy en México. #Yosoy132 no fue un movimiento de plaza, pero resonó intensamente con ellos y de ahí su inclusión.
Amaranta Cornejo es feminista, activista y académica interdisciplinaria. Integrante de la Asamblea de Posgrados UNAM #Yo soy132. Actualmente vive en Chiapas, donde, a propósito de la voluntad y la oportunidad, trabaja en un proyecto sobre la urgencia para que las mujeres rurales, indígenas y campesinas sean titulares de derechos sobre la tierra en el esquema de la propiedad social. En este ser y estar se acompaña cotidianamente de sus perr@s. Mariana Favela nació en la ciudad de México y se crío en Baja California Sur. Estudió el doctorado en Filosofía de la Ciencia en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe ensayo y crónica sobre filosofía política, insurgencias, arte, revolución y afectos. Integrante de la Asamblea de Posgrados UANM #Yosoy132. Colabora con medios libres como NoFm.radio.
Amaranta Cornejo y Mariana Favela

¿Sigue vivo, y cómo, el legado de las plazas?

Amaranta Cornejo: #Yosoy132 no se remite a una plaza, sino a movilizaciones en las calles y en las asambleas. Cada una de las “plazas” ha sido distinta y ha tenido devenires distintos, y es ahí donde reconozco su riqueza. Dicho esto, considero que el legado del 132 sigue vivo, sí, sin duda alguna porque cada personas que participamos en él lo llevamos vivo de una u otra forma. Quiero pensar que todas esas movilizaciones han dado pie a transformaciones más profundas que se localizarían en las subjetividades, y por eso quizá sean menos visibles. En el imaginario más amplio quizá esté más diluido, sobre todo en las realidades fuera de la Ciudad de México.

Mariana Favela: #YoSoy132 no es una organización, es un momento de efervescencia política que se tejió tanto en las calles como en las redes sociales y otras plataformas virtuales de interacción, comunicación, diálogo y discusión. Es un esfuerzo pero a a la vez una convocatoria para nacer formas políticas no jerárquicas ni centralizadas. Entendido como un momento masivo de interpelación de la cultura política autoritaria y no como una corporación, el propósito de #YoSoy132 es generar alternativas al poder dominante. Esa tendencia a la vez crítica y creativa sigue viva al menos en dos formas. Como una cultura política que marca una generación. La generación no entendida como grupos de personas en un determinado rango de edad, sino de amplios y muy diversos sectores sociales que han “generado” imaginarios comunes. Esa generación es la que hoy acompaña, por ejemplo, a las movilizaciones por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y muchas otras causas que van desde temas como la defensa del territorio y de los derechos indígenas, hasta denuncia de las redes criminales y de corrupción que involucran a altos mandos del gobierno. Por otro lado, a pesar del reforzamiento del autoritarismo y de la represión que se produjeron como respuesta a la efervescencia del 2012, buena parte de las redes de trabajo y de colaboración surgidas gracias a #YoSoy132 continúan trabajando desde diferentes frentes. Medios independientes; colectivos de defensa de derechos humanos y digitales; colectivas de arte urbano, etc.

¿Cuáles han sido los efectos, los logros o las victorias (más o menos visibles) de los movimientos de las plazas?

M: #YoSoy132 obligó a las movilizaciones sociales a reconsiderar las bases de sus formas organizativas. En otras palabras, uno de los legados más importantes de #YoSoy132 es haber revolucionado a la propia revolución, lo que de ningún modo está resuelto. Las tensiones conservadoras dentro de las izquierdas críticas y anticapitalistas pero patriarcales y autoritarias están en disputa gracias a la potencia que se desató en el 2012. Las movilizaciones posteriores al 2012 están marcadas por un crítica radical del autoritarismo, radical porque es ante todo una duda reflexiva, una autocrítica. Dejó de ser aceptable que las movilizaciones replicaran modos autoritarios y jerárquicos de organización. Por otro lado, las redes de colaboración, que son ante todo redes de solidaridad y de confianza, siguen trabajando e influyendo directamente en la generación de una opinión pública crítica e independiente. Pero sobre todo la influencia del 2012 se aprecia en la generación de redes de circulación de información capaces de romper el cerco mediático y, en casos de emergencia nacional como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en canales para la articulación, no sólo de movilizaciones, sino de debates públicos sobre asuntos de interés nacional, como la grave crisis de derechos humanos y desapariciones forzadas por la que atraviesa el país.

A: El efecto más grande, para mí, es que se han dado procesos de intersubjetivación muy potente porque la noción de política se ha ensanchado para cubrir la participación desde lo más cotidiano, lo más cercano, hasta el punto de interesarnos y comprometernos con luchas que “escapan” de nuestras cotidianidades, pero que al final re-conocemos como cercanas porque resisten a la política neoliberal y de muerte. Pienso en la forma como nos hemos interesado, e incluso integrado a movilizaciones en defensa del territorio (Atenco, Xochicuautla). Resultado de esa intersubjetivación de lo político, reconozco que hay formas más “creativas” para comunicar y accionar que no pasan por los repertorios clásicos de la movilización. Es decir, así como se ensancha el territorio de movilización, también se ensancha el repertorio y da paso a manifestaciones donde la sensibilidad, lo emocional es parte fundamental.

Autor: Carlos Adampol

Autor: Carlos Adampol

¿Cuáles dirías que han sido las características del movimiento que pueden ser más importantes y fecundas para el futuro de la política de transformación social?

A: No estoy segura de que estemos en una fase de latencia, sino más bien en una situación de diáspora. Por eso pienso y me refiero a un territorio ensanchado, que quizá corresponda más una situación de comunidades dispersas. Al menos de mis compas de asamblea, veo que seguimos accionando, ciertamente ya no como asamblea, pero sí desde nuestros espacios. En este sentido, la latencia no me resuena. Esto es, ciertamente distinto a la noción de “plaza”, la cual no fue tanto nuestro espacio como lo fue la calle. Así, salir a la calle, tomar la calle sigue siendo una acción que se repite constantemente, a pesar del estado y de la política de terror que prevalecen en México.

M: Los movimientos de las plazas son los puntos álgidos y visibles de procesos de transformación constantes. No llegan ni se van. No se crean de la nada ni desaparecen en ella. Ocurren todo el tiempo en la vida cotidiana, en los procesos organizativos más discretos y en los más visibles. Esa es una de las lecciones más importantes que debemos apreciar de ellos. Reducir esos procesos de transformación radical a los momentos de efervescencia en las calles es peligroso y no permite entenderlos como parte de una historia larga donde cuentan tanto los gritos de rabia como los silencios. Los movimientos no son irrupciones, sino el momento más álgido de transgresiones cotidianas.

Por otro lado, los momentos de organización masivos legaron experiencias de organización dispersas, desarticuladas y eficaces. Capaces de poner en jaque a los gobiernos. #YoSoy132 por ejemplo, mostró el potencial de la dispersión como estrategia organizativa frente a un poder centralizado. Esas experiencias no están esperando para reactivarse, están presentes y vivas, son nuestro modo cotidiano de sobrevivir a la represión sistemática de la disidencia política. Tenemos que tenerlo claro: #YoSoy132 como otros movimientos críticos no se “diluyó” ni entró en “reflujo”, el poder respondió a la efervescencia con un endurecimiento de las tácticas represivas y del autoritarismo. Quiere exterminarlos política y físicamente. Las experiencias organizativas no centralizadas ni jerárquicas, así como las redes de información y de solidaridad que empezamos a ensayar desde el 2012, han sido desde entonces la posibilidad de mantenernos organizadas y, en algunos casos, vivas.

Autor: Carlos Adampol

Autor: Carlos Adampol

Los movimientos no son sólo las plazas, son también las estrategias colectivas que se organizan para sobrevivir al embate violento que sucede a los tiempos de efervescencia y de movilización masiva. Esa supervivencia se refiere tanto a los imaginarios políticos y a la memoria histórica, como a las personas físicas y reales que los comparten. Esas experiencias organizativas que se ensayaron en los momentos álgidos del desborde, las que en un momento dado convocaron a las plazas y agitaron conciencias, son nuestras herramientas de supervivencia política y personal en los tiempos de horror.

Los movimientos de las plazas fueron acontecimientos que activaron una creatividad ilimitada. ¿Qué efectos ha tenido esta explosión en el campo cultural, en el campo de la creación y la expresión?

A: Justo a esto me refería al decir que no estamos en latencia, sino en constante acción. Ahora es de forma distinta porque no es masivo ni mediáticamente visible, aún así, como decía, es un logro seguir cuestionando, organizando, y manifestándonos frente a muchos problemas a nivel micro, local, estatal y nacional. Nuestra cultura es ocuparnos de todo aquello que nos importa, así, la pauta es esa ocupar y ser parte de la vida política donde queramos estar, sin ponernos la barrera de vivir en determinado espacio. Para esto, las redes sociales nos facilitan el poder habitar los conflictos y movilizaciones políticas.

La politización nueva que se dio en las plazas, ¿cómo se encarna en las conversaciones, los comportamientos, la intimidad? ¿Qué cambios ha producido en la sensibilidad, en el sentido común, en los afectos?

A: Como dice Mariana más arriba, la crítica radical al autoritarismo y al patriarcado la llevamos a todos los espacios de nuestras vidas. La participación en el #Yosoy132 nos aportó herramientas y nos nutrió profundamente para distinguir desde el más sutil hasta el más burdo de estos comportamientos y, en consecuencia, ahora no nos quedamos calladas. Esto tiene que ver de muchas formas con sensibilidades, empatías y solidaridades políticas, vitales, cotidianas que se nacieron en esos momentos del 2012 y que se replican, se germinan constantemente frente a diversas expresiones de lucha social contra las multitudinarias injusticias que vivimos en México.

¿Por medio de qué caminos se ha tratado de desactivar la potencia de los movimientos y de las nuevas formas de politización?

A: La guerra contra el narcotráfico emprendida por el anterior presidente, Felipe Calderón (2006-2012), fue la punta de lanza para que el terror de la violencia desmedida y difusa se instaure como cotidianidad en todo el país. Esto, sin duda alguna, ha generado un profundo miedo porque ahora el enemigo no es el gobierno ni el Estado, sino la connivencia entre el crimen organizado y el Estado; en esa situación la irregularidad se instaura la incertidumbre de poder combatir, o al menos contener la represión ya que ésta proviene desde actores “irregulares”, como lo sería el crimen organizado.

¿Se ha producido, en tu contexto, una contra-revolución autoritaria? ¿Por vías represivas tradicionales o de nuevo tipo?

A: En los últimos meses del 2016, se han aprobado modificaciones a la legislación, con las cuales la represión a manos de cuerpos policíacos está legalizada. Además de que los mismos mecanismos provistos por el Estado (amparos judiciales) no son respetados y las comunidades y organizaciones son reprimidos al intentar defender sus territorios y derechos, el caso más reciente es el de Xochicuautla (abril 2016).

M: Las movilizaciones masivas en México no terminaron con la imposición por vía electoral de Enrique Peña Nieto en julio de 2012 sino con la ola represiva que se inició durante su toma de posesión el 1º de diciembre de ese mismo año y en presencia de buena parte de los medios de comunicación más importantes del mundo. El silencio internacional frente a la represión mostró la complacencia entre el gobierno entrante e importantes intereses transnacionales. Desde entonces, las detenciones arbitrarias durante las movilizaciones, la violencia directa contra periodistas independientes y las persecuciones judiciales significaron un retroceso autoritario que reinstaló una política de control policíaco y militar de la disidencia política. Perdimos las calles. El gobierno impulsó una serie de medidas legislativas contra la libertad de manifestación y una reforma en telecomunicaciones que facilitó la censura en Internet. El estado de control se mantuvo férreo hasta septiembre de 2015, cuando movilizaciones masivas salieron de nuevo a las calles para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos por fuerzas militares y policíacas. La participación directa de las fuerzas del Estado en ese crimen fue tan obvia y la indignación tan grande que el gobierno debió replantear su estrategia de represión directa y reabrir la plaza principal de la Ciudad de México a los manifestantes.

Autor: Ezequiel Reyes

Autor: Ezequiel Reyes

A la par de las medidas tradicionales de censura y represión, el gobierno desató una intensa campaña de comunicación política que implicó un giro discursivo. Se reapropió del lenguaje y de las principales demandas de las movilizaciones del 2012 sin modificar las estructuras antidemocráticas, jerárquicas y centralizadas que se criticaban. A la larga, ni la represión tradicional ni la apropiación de las demandas y de los lenguajes de la disidencia han logrado fortalecer la legitimidad del gobierno. Su estrategia propagandística sigue, a pesar de su tremenda ventaja económica y material, mostrando una fuerte debilidad frente a las estrategias dispersas y colaborativas de la disidencia.

¿Cómo se ha introducido de nuevo el miedo en unas sociedades que se lo habían sacado de encima por un momento? ¿Logra instalarse de nuevo ese miedo o no?

A: El miedo es una política muy eficaz porque ha sido perfeccionada a lo largo de siglos por todo lo ancho del mundo, sin embargo, la rebeldía también se ha ejercido de forma permanente. En este sentido, cierta irreverencia con respecto al miedo no es un legado del 132, sino más bien un aprendizaje que tuvimos de forma colectiva y que se ha instalado y hemos cultivado desde entonces. Al final, es por la misma violencia en México que renunciamos a funcionar desde la lógica del miedo.

¿Dirías que las vidas han vuelto en general a la normalidad?

A: No, esto es y ha sido totalmente imposible. Ser parte del 132 ha sido una forma de vivir dejándonos afectar por esa colectividad que iba llevando su propio proceso de politización, el cual en términos reduccionistas quería impedir que Enrique Peña Nieto llegara la presidencia, pero en términos profundos interpelaba a una cultura política estructural que se hizo por demás evidente.

¿Crees que movimientos como los de las plazas tienen “límites intrínsecos”? ¿Qué se pudo hacer mejor? ¿Qué problemas no se supieron elaborar?

A: No sé si podemos hablar de problemas intrínsecos para los movimientos de las plazas porque cada espacio y experiencia tendría los suyos propios. Hay quienes, amistades sobre todo, apuntan a que este tipo de movimiento no deviene en una organización y ven ahí su mayor defecto. Yo dudo mucho de eso, porque si todo movimiento, movilización, o irrupción tiene que cuajar en una organización estructurada de tal o cual forma, entonces se pierde la propia potencia que tenga de crear otras formas de aglutinamiento y organización. Al decir aquí organización me refiero en la puesta en práctica de confluencias para transformar algo, sin saber precisamente o de antemano por cuánto tiempo.

Entonces, creo que el mayor reto que enfrentamos fue esa crítica externa que poco a poco fue filtrándose al interior del 132 hasta convertirse en un cuestionamiento “propio” expresado en las asambleas generales. “Necesitamos madurar, y para eso tenemos que organizarnos”. La organización la teníamos, y era ecológica, pero no cumplía con la teoría política.

Autor: Diego Davila

Autor: Diego Davila

Por otro lado, de nuevo desde fuera se nos exigía que diéramos cabida a toda la diversidad. Recuerdo que un conflicto grande se gestó cuando se planteó la cuestión sobre si “aceptaríamos” asambleas populares que no fueran estudiantiles. Ahí comenzaba el germen de un reclamo de clase, edad y ocupación, cuando menos. Se nos exigía mucho, todo diría yo, y se nos exigía que reaccionáramos y actuáramos velozmente. De nueva cuenta, eran dinámicas ajenas al 132, el cual tenía su ritmo y su proceso, y ante estas críticas y muchas otras, nos forzamos supuestamente a “madurar”. Nada más errado, pero eso no lo sabíamos, estábamos efervescentes y nos queríamos comer los problemas.

Las “grandes ausencias” de estos movimientos (ausencia de jefes, de programa, de estructuras…), ¿han sido potencias o límites?

A: Sin duda alguna, para mí han sido potencias. El #Yosoy132 fue el primer movimiento en el que participé que era mío. Desde el año 94 participé en el zapatismo, y de ahí siempre en el movimiento indígena. Con mi colectivo de la universidad también apoyamos a trabajadores del transporte urbano del DF (Ruta 100) en el conflicto laboral, desde siempre he apoyado al movimiento magisterial independiente, y desde el desmadre nacional causado por los presidentes panistas (Fox, Calderón) apoyo al movimiento contra la desaparición forzada. Entre todos estos movimientos, el 132 ha sido el primero en el cual he sentido que mi palabra dialoga anchamente con muchos de los grupos y de las personas que integran al movimiento, y que este diálogo ha permitido construir mucho en conjunción. Eso ha sido un tipo de horizontalidad.

Luego, no es cierto que no hubiera liderazgos, claro que los había, sin embargo, no eran caudillistas, eran más del estilo zapatista en tanto que se ejercía un mandar obedeciendo. Esos liderazgos finalmente eran de otro tipo, nacían de la empatía, les reconocíamos capacidades de mediación, de articulación, de síntesis. Había muchos liderazgos, y por lo tanto ninguno de ellos despuntaba y se entronizaba, al contrario, fluían porque no tenían el peso moral que se les da típicamente.

¿Cómo pensar el problema de la permanencia-duración de los movimientos?

A: No soy fan de la noción de duración, de hecho me genera muchos conflictos. ¿En aras de qué mantenerse?, ¿no sería acaso mejor cambiar para permanecer? Digo esto por dos cosas, una que luego de tanta teoría política sobre movimientos sociales, cuando se participa en ellos lo último que quiero es cumplir esos cánones. Me encontré compañeros en el 132 que sí creían que cumplíamos los requisitos de tal o cual definición. Yo más escuchaba y más escéptica me volvía. Cuando el 132 comenzó a “perder” visibilidad e integrantes, esos compas politólogos prendían luces rojas: “estamos entrando en la recesión”. Pues sí, quizá sí. Luego desde arriba y desde afuera se comenzó a hablar del fracaso del 132… Pues sí, si quieren fracasamos. Para mí, mirando los pueblos indígenas y campesinos, he aprendido que es el cambio lo que permite permanecer. Hemos dicho ya Mariana y yo cómo permanece el 132 por ahí, por tantos lados y de muchas formas. Entonces, lo importante para mí es saber escuchar lo que el corazón propio, individual y colectivo, dice y pide, y ser congruentes con eso, y como todo en el mundo y la vida. cambiar cuando se necesario. Se dice fácil, sin embargo es de lo más complicado hacerlo tal cual, escuchando al corazón.

Autor: Carlos Adampol

Autor: Carlos Adampol

¿Cómo ha sido la relación de las plazas con la política que aspira a representarla o expresarla o traducirla electoral, institucionalmente? (Syriza, Podemos, Bernie Sanders, etc.)

A: Estas preguntas me resuenan raro en el contexto mexicano. En todo momento, el #Yosoy132 ha dicho que nada con la política institucional. Hubo acercamientos de grupo de trabajo a legisladores para presentar propuestas de ley, sin embargo no era ese el horizonte del movimiento.

Desde el inicio se nos intentó ligar a tal o cual partido de izquierda, sin embargo siempre nos deslindamos y conservado nuestra autonomía. Esto es posible porque no aspiramos a entrar al juego partidista mexicano. Hay un hartazgo frente al sistema partidario en México que no se resuelve ni siquiera con formas participativas incluyentes en la política mexicana.

En el “tiempo del después”, es decir, cuando ya no existe la plaza llena, o el movimiento como centro de energía, cómo continuar sin deprimirse, sin nostalgia?

A: ¿Cómo continuar? Como de por sí lo hacemos, con el corazón el mano, en la boca, en los ojos, en los oídos. No hemos dejado de politizar la vida cotidiana, en este país eso es imposible. Creo que México tiene una energía política que hace imposible detenerse, es tanta la injusticia que no hay de otra que seguirle. El #Yosoy132 vino a refrescarme, y como hemos dicho Mariana y yo, en ese espacio creamos redes muy profundas porque se nacieron, nutrieron y se mantienen desde una afectividad intensa. Así, en redes más o menos dispersas o compactas seguimos actuando. Si a alguien le da el bajón, ahí está el resto para acompañar, animar, dar lo que se necesite. Eso, en este mundo de capitalismo salvaje, ya es tanto: nos vemos, nos reconocemos, nos existimos mutuamente. Y así es como funcionamos a nivel de movilizaciones sociales: ningún problema social me es ajeno. En México no podría hablar de un “tiempo del después”, como dijo Mariana, todas las movilizaciones y movimientos tienen algo del 132, porque ahí estamos.

¿Qué os sirvió de lo que visteis o supisteis que ocurría en otras plazas? ¿Qué crees que a otras plazas podría servirle de la experiencia de la tuya? ¿Tienes algún mensaje para ellas?

A: Me cuesta pensar en algún mensaje, se me hace algo raro. Lo intento. Quizá que sepan que estamos en interconexión, que somos rebeldes ante injusticias que tienen una matriz en común, y que es este sistema que succiona vida a cambio de muerte. Siendo así, nuestra alegría ante el sabernos interconectadas es ya un gran acto de subversión, y nos toca nutrirlo.

Índice del dossier: “De Tahrir a Nuit Debout, la resaca de las plazas”

Autor: Carlos Adampol

Autor: Carlos Adampol