Crónica y reflexiones sobre la jornada de paro y marchas de mujeres del 19 de octubre desde el espacio feminista Cuerpos parlantes (Guadalajara, México). Más difícil todavía, más valioso todavía, salir a la calle en México -mucho más si eres mujer- es como dicen las compañeras “una odisea plagada de amenazas mortales”. Y además, en los últimos tiempos se ha manifestado con fuerza en la calle un movimiento conservador de “defensa de la familia” como un modelo único y excluyente de otras formas de vínculo y relaciones afectivas.

Cuerpos Parlantes

La convocatoria para el PARO NACIONAL DE MUJERES en Argentina detonada por el feminicidio de Lucía Pérez, encarrilaba el dolor y la rabia de muchas mujeres en México encendidas días antes por el transfeminicidio de la activista feminista Alessa Flores, el 13 de octubre en la capital del país. De este modo se materializaba uno de nuestros mayores temores: que las marchas convocadas semanas antes en varias ciudades del país por el Frente Nacional por la Familia en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo -apelando al “orden de la naturaleza” y contra “la ideología de género”- recrudecieran la homofobia, la transfobia y la misoginia, alentando crímenes de odio por razones de género.

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En cuanto se enteraron de la convocatoria, compañeras de Chiapas activaron en sus redes sociales el llamado a sumarse al PARO de Argentina, y lanzar un rugido internacional para frenar la mortífera violencia machista en Latinoamérica. En la ciudad de Guadalajara, capital de Jalisco -estado en el que se han perpetrado setenta y nueve feminicidios en lo que va de este año, recibimos la convocatoria como una invitación a intentar algo que nunca habíamos hecho en el país. ¿Cómo se hace un paro?, nos preguntábamos.

Pocos días antes de la convocatoria del paro, algunas compañeras nos reunimos decididas a organizar acciones de forma continua en universidades, espacios laborales y en las calles de ahora a fin de año. Acordamos realizar patrullajes nocturnos por las colonias donde varias de nosotras vivimos y que tienen altos índices de inseguridad, con la finalidad de motivar a las vecinas a que saquen su silla por las noches para ocupar la calle y al menos en esas horas hacerla más segura. En el aire estaba la pregunta de cómo comunicar a más mujeres de la ciudad que la violencia cotidiana que sufrimos no es normal.

Cuando conocimos la convocatoria del paro decidimos intentarlo. Experimentar que podemos PARAR. Introducir esa posibilidad. Deseábamos entender también cómo compañeras de otras partes del mundo hacían para movilizarse en pocos días. Cómo se generan las redes entre colectivas, entre mujeres de diferentes edades y clases sociales, que pueden llevarnos a ocupar masivamente las calles.

Aunque en otros momentos nos hemos sentido desarticuladas, desbordadas por la realidad que estamos viviendo, desmovilizadas por el miedo, también estamos cada vez más decididas a poner el cuerpo de forma organizada. Sumarnos al paro era importante para colectivizar las preguntas que veníamos haciendo en las reuniones. Mostrar-nos que existe la posibilidad de coordinarnos en un acto concreto como PARAR.

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El punto de concentración para el miércoles 19 de octubre fue el Parque Revolución en el centro de la ciudad. Aproximadamente cuarenta mujeres, universitarias, trabajadoras del hogar y de la industria electrónica, acudimos al llamado del PARO. Nuestra presencia de inmediato llamó la atención de la policía, que retrasó nuestra intención de detener el tráfico en un cruce de avenidas, por lo que decidimos permanecer sentadas cantando y escuchando nuestras razones de haber salido a la calle ese día. Hablamos sobre la organización de la Marcha para el próximo 25 de noviembre, e invitamos a más compañeras a sumarse a los patrullajes nocturnos. Compusimos colectivamente un son jarocho que expresaba tanto la necesidad como el placer de estar juntas, de organizarnos, “y así mantenernos vivas y nuestras luchas tejer”. Decidimos en ese momento seguir trabajando para el próximo año PARAR a toda la ciudad, teniendo claro que esto sólo será posible si salimos a las calles a comunicarnos con más mujeres; por eso la importancia de los patrullajes nocturnos en diferentes barrios. Porque estamos decididas a actuar ya. Porque vivimos en un país donde entre 2013 y 2015 fueron asesinadas brutalmente 6,488 mujeres. Porque sabemos que la siguiente podría ser una de nosotras.

También hubo compañeras que realizaron acciones en universidades. A la hora programada para hacer el PARO un contingente de estudiantes partió del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara hacia la concentración en el Parque Revolución, cantando por las calles la canción compuesta para la Murga feminista del #24A: “En cualquier rincón/ vamos a luchar /que la calle es nuestra/ No nos matarán”, canto que era replicado al mismo tiempo también por un contingente de estudiantes en cada uno de los edificios de la universidad privada ITESO, así como las consignas “¡Que me acoses en la universidad, no es normal! ¡Que me violes y me mates, no es normal!” Estas acciones visibilizaron una vez más el machismo imperante en los espacios universitarios: brotaron las reacciones misóginas de alumnos en redes sociales de internet que vertían comentarios como “por eso las matan”, mientras más alumnas se atrevían a hacer públicos sus testimonios de acoso sexual y discriminación por parte de profesores y alumnos. Esto dio paso a la organización de más miembros de la comunidad universitaria para erradicar estas violencias del campus.

En los últimos tres años hemos sentido el incremento de la potencia organizativa de las mujeres en la ciudad, proveniente principalmente del dolor y el hartazgo porque salir a las calles para nosotras es una odisea plagada de amenazas mortales. Nos estamos atreviendo a imaginar nuevas formas de acción colectiva y por tanto nuevas formas de vida.

Porque vivas nos queremos,

organizadas nos queremos,

libres nos queremos,

orgásmicas nos queremos.

Vivas nos queremos.


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