La ocupación de la plaza Rossio en Lisboa en 2011 dejó como legado un inédito “movimiento” en Portugal -hecho de centros sociales, colectivos, etc.- que antes no existía, o existía apenas sólo de modo simbólico o episódico. Estas estructuras quizá no son logros enormes, pero ilustran cómo el reflujo de las plazas dejó algo muy material tras de sí: una metodología concreta y una red de contactos amplia que sobreviven hoy al eclipse del movimiento. Paralelamente, ese legado se divide entre estos “espacios autónomos” y algo más etéreo y general que ha contribuido a crear el clima político capaz de llevar generar un cambio de gobierno a la izquierda. Podría pensarse que lo ocurrido en Portugal sigue una pauta general de “movimiento, reflujo, institucionalización”, pero lo hace en todo caso de modo muy sui géneris.
Gracias a las respuestas de Luhuna Carvalho, editor que vive en Lisboa, podemos ver las ondas que sigue formando esa piedra en el agua que fue la acampada de Rossio.
Luhuna Carvalho

¿Sigue vivo, y cómo, el legado de las plazas?

El “movimiento de las plazas” en Portugal consistió en la ocupación de la plaza Rossio durante tres semanas en el verano de 2011. Desde allí, y desde otros lugares, surgió una red informal que estructuró el movimiento anti-austeridad hasta 2013. En relación con otras “plazas” este movimiento fue singular, ya que no se basó en las redes de movimientos sociales, contraculturales y políticos previos. Estos movimientos existían, pero no estaban organizados o no tenían una escala capaz de proveer de infraestructura sustancial a las ocupaciones, sin la cual se habrían convertido en una simple reproducción de “asambleas populares”.

El legado del período es doble. Por un lado el momentum en las plazas ocupadas, y las redes de activistas que se crearon en las mismas, dieron una estructura al periodo de enormes manifestaciones anti-austeridad que vino después. El “movimiento de las plazas” tuvo una relación compleja con la izquierda institucional y estas movilizaciones anti-austeridad fueron cooptadas por partidos políticos o por grupos que aspiraban a convertirse en nuevos partidos políticos. El contenido de las manifestaciones pasó de un enérgico rechazo a la austeridad sin demandas específicas a un movimiento más instrumentalizado que reclamaba nuevas elecciones con la vista puesta en la victoria de una hipotética “izquierda unificada” (Partido Socialista, Bloque de Izquierdas, Partido Comunista). Por otro lado, muchas de las conexiones y estructuras forjadas en las plazas y en las manifestaciones consiguieron cierta autonomía de sus emplazamientos originales. Y así aparecieron varios centros sociales, colectivos y proyectos, creando la base para una creciente red de espacios, prácticas y movimientos autónomos.

¿Cuáles han sido los efectos, los logros o las victorias (más o menos visibles) de los movimientos de las plazas? 

La ocupación de Rossio se convirtió en la actividad-base para diferentes tentativas de entender y hacer política. Aunque que sus formas y logros fueron limitados, hubo una clara ruptura con la idea de que la política equivale a representación y participación. Todavía haría falta tener un debate adecuado sobre las dinámicas de la ocupación, ya que estas se han entendido más como momentos de discusiones formales (es decir, asambleas) que como ocupaciones del espacio con diferentes formas de vida.

Podría decirse que una parte del trabajo que preparó el acuerdo entre diferentes partidos políticos de izquierda que ahora gobiernan ocurrió durante ese periodo de agitación social impulsado, en cierto modo, por los movimientos sociales. Sin embargo, la mayor victoria de las plazas fue a mi juicio el surgimiento de estructuras metropolitanas de resistencia. Durante estos últimos años, vividos ya fuera de los focos, estas estructuras parece que han ido ganando cierta consistencia que puede resultar bien interesante, sobre todo en un momento en el que la participación de la izquierda institucional en un acuerdo gubernamental parece implicar el progresivo abandono de las protestas políticas.

¿Cuáles dirías que han sido las características del movimiento que pueden ser más importantes, más fecundas, para el futuro de la política de transformación social?

Teniendo en cuenta algunas especificidades de la ciudad de Lisboa -su centro vacío y su envejecida población-, el movimiento de las plazas representó un redescubrimiento del paisaje urbano como un territorio político, con dimensiones materiales ausentes en la política representativa. Esta dimensión material, territorial e infraestructural parece ser, pasado ahora el tiempo, la lección principal que emergió de los movimientos de las plazas. Las relaciones y vínculos creados durante la ocupación y las posteriores manifestaciones fueron bastante fuertes durante un tiempo, pero el tiempo se cobra su peaje y las medidas de austeridad obligaron a mucha gente a dejar el país, rompiendo muchos de los lazos construidos anteriormente.

Autor: Martin Rossio (Licencia CC BY-NC-SA 2.0)

Autor: Diogo Duarte (Licencia CC BY-NC-SA 2.0)

Ha habido muchos intentos de recrear las plazas, de encontrar ese “camino de vuelta” que decían en Egipto, pero no han sido exitosas; puedes conocer el camino al río, pero no puedes bañarte en el mismo río dos veces. Una reflexión adecuada y distanciada sobre lo que ocurrió en las plazas debería intentar discernir sus elementos centrales, que en la mayoría de los casos no son los más obvios. Lo que hizo a miles de personas (o cientos en la plaza Rossio) unirse a las ocupaciones, no fue sólo la reactivación militante de una voluntad de participación pública, sino algo diferente que probablemente no pueda ser reactivado simplemente a base de voluntad y activismo.

Los movimientos de las plazas fueron acontecimientos que activaron una creatividad ilimitada. ¿Qué efectos ha tenido esta explosión en el campo cultural, en el campo de la creación y la expresión?

Algunos de los grupos de trabajo y discusión durante la ocupación de Rossio estaban especialmente preocupados por la producción cultural y artística. En términos más generales, el sentido amplio de las intervenciones públicas influenciaron los trabajos de algunos artistas locales, pero desde nuestro punto de vista estos permanecieron muy a menudo en el ámbito de un entendimiento limitado de la política, que no advertía todas las posibilidades ensayadas en las plazas. A diferencia del momento de ocupación en el que emergió una nueva subjetividad, estos trabajos artísticos concibieron la política como una mera serie de demandas, críticas y denuncias dirigidas a las clases dirigentes. Estoy pensando, por ejemplo, en algunos artistas callejeros o en el director de cine Miguel Gomes, que en su película “1001 noches” tenía como objetivo retratar el país durante la austeridad.

A veces la política, cuando se haya bloqueada, puede encontrar una salida y una expresión en las producciones artísticas, pero también es cierto que las condiciones materiales de la producción del arte (y de los artistas) pueden actuar como las primeras razones disuasivas para hacer arte político. Más que una política bloqueada y que se desbloquea por el arte, me gustaría pensar que los momentos de pequeñas rebeliones que vimos en Lisboa eran desbloqueos del arte a través de una política radical.

La politización nueva que se dio en las plazas, ¿qué cambios ha producido en la sensibilidad, en el sentido común, en los afectos?

La época de las plazas generó relaciones e intercambios entre los diferentes medios políticos, así como el boceto preliminar de una subjetividad por venir. La ocupación coincidió con la vuelta de la gente joven al centro de la ciudad, lo cual hizo más fácil la continuidad de las relaciones producidas en las plazas y las manifestaciones. Esta subjetivación común también se transmitió gracias a las dinámicas de la crisis y de las políticas de austeridad, sentidas más o menos por todas las personas. Y esto se tradujo en aperturas de algunos centros sociales, cantinas y espacios de reunión, así como en la multiplicación de grupos de afinidad. Sin embargo, habría que ver y discutir cuántas de estas formas de vida lograron despegar de la fenomenología de la socialización contemporánea. Los grupos se convirtieron en pandillas, la resistencia en subcultura, y los movimientos en guetos.

Aunque los momentos como las plazas pueden funcionar como catalizadores sociales, no pueden funcionar como nuevos arkhés o principios de una fundación mítica. Las comunidades y las formas de vida siempre se están produciendo y reproduciendo a través de lo que viven y experimentan, y si las luchas están ausentes las comunidades y formas de vida pueden marchitarse y desaparecer.

¿Por medio de qué caminos se ha tratado de desactivar la potencia de los movimientos y de las nuevas formas de politización?

En una primera escala, las preocupaciones burocráticas de la izquierda institucional fueron claves en la desactivación del movimiento. Y lo que ellas no lograron se consiguió por la falta de experiencia a la hora de tratar con la represión y el reflujo de asistencia a las movilizaciones. La incapacidad del movimiento para ir más allá del repertorio político clásico asamblea, reunión, manifestación, demandashizo muy efímeras sus conquistas cuando los recortes empezaron a afectar seriamente a la vida diaria. A un nivel más general, podría decirse que la austeridad misma dominó el ánimo de la política general como una fatalidad inevitable cuyo único posible respiro parecían ser las elecciones generales que ocurrirían antes o después.

Se podría decir que las vidas volvieron a la normalidad, si entendemos la normalidad como una operación política de neutralización. La austeridad cambió las vidas de las personas, su relaciones económicas, su percepción de la sociedad y del poder, y su entendimiento de la lucha diaria por la supervivencia. La derrota del movimiento empujó a la gente en la dirección de -y no vuelta a- una nueva normalidad.

¿Cómo ha sido la relación de las plazas con la política que aspira a representarla o expresarla o traducirla electoral, institucionalmente? (Syriza, Podemos, Bernie Sanders, etc. )

Desde el inicio de la ocupación, la participación de los partidos políticos fue un asunto candente. Por un lado, los partidos fueron confrontados por personas que sentían que la política institucional no tenía lugar en la ocupación. Por otro lado, algunas organizaciones que buscaban un escenario sentían que su momento bajo los focos sería bloqueado por las organizaciones más grandes que deseaban sustituir. Estos conflictos prosiguieron en la fase de grandes manifestaciones anti-austeridad entre 2011 y 2013. Algunas plataformas convocaban las manifestaciones y los partidos políticos se sumaban a ellas, pero no fue hasta la formación del colectivo “Que se lixe a troika” cuando los partidos consiguieron tomar la iniciativa y redirigir el tono general de las manifestaciones de anti-austeridad a una demanda de nuevas elecciones (lo cual fracasó). Esto creó un gran conflicto entre los activistas que surgieron en la plaza ocupada de Rossio y fue probablemente una de las razones de su fin.

El periodo entre 2013 y las elecciones del 2015 fue una época sin apenas acontecimientos políticos. Las elecciones dieron a uno de estos partidos, el Bloque de Izquierda, unos resultados récord, en gran parte gracias al protagonismo mediático que algunos de sus militantes tuvieron en los meses antes de las elecciones. Sin embargo, esto no significa que el partido, formalmente o informalmente, adoptase o debatiese los avances teóricos y materiales de las plazas. Por el contrario, su inclusión en un acuerdo gubernamental amplió la brecha entre la dirección del partido y la política participativa, incluso con respecto a sus propios militantes.

En el “tiempo del después”, es decir, cuando ya no existe la plaza llena, o el movimiento como centro de energía, ¿cómo continuar sin deprimirse, sin nostalgia?

El fin de los movimientos parece siempre presuponer su extinción. Sin embargo, en una escala más amplia vemos conexiones temporales y sociales entre diferentes momentos de resistencia política: vemos por ejemplo las tácticas de bloqueo del movimiento antiglobalización apareciendo en Black Lives Matter o Tiannamen en el parque Gezi de Estambul. Aunque las teorías más populares para entender el capitalismo tardío parecen subrayar su capacidad para absorber y recuperarlo todo, se pueden encontrar y dibujar conexiones subterráneas e influencias entre los movimientos de todos tiempos. Quizá, una de las lecciones que se puede extraer de las plazas sería la de aprender a entender los momentos de reflujo como lecciones importantes para una lucha política y a distinguir la autonomía y la emancipación de los momentos más triunfalistas y voluntaristas.

Autor: Diogo Duarte (Licencia CC BY-NC-SA 2.0)

Autor: Diogo Duarte (Licencia CC BY-NC-SA 2.0)

¿Qué os sirvió de lo que visteis o supisteis que ocurría en otras plazas? ¿Qué crees que a otras plazas podría servirle de la experiencia de la tuya? ¿Tienes algún mensaje para ellas?

Curiosamente, la acampada portuguesa empezó como una ocupación en solidaridad con los indignados españoles organizada por los estudiantes españoles de Erasmus. Aunque había un conocimiento considerable sobre lo que estaba ocurriendo en España, la información se seguía a través de los medios, que sobrevolaban las realidades materiales y organizativas de las plazas sin verlas. Los contactos a menudo ocurrían siguiendo líneas ideológicas y, por tanto, a menudo se alejaban de los puntos estratégicos y tácticos hacia las agendas más ideológicas. Sin embargo, las imágenes que se produjeron y circularon tuvieron la potencia de romper el cerco ideológico y conectar entre sí, no tanto a quienes las miraban, como a quienes las sentían.

Traducción de Irati Tranche

Índice del dossier: “De Tahrir a Nuit Debout, la resaca de las plazas”