Cuerpos que hablan, que comen, que duermen, que vibran, que conviven durante un tiempo… Aunque el paradigma político occidental privilegie el lenguaje, la razón o lo simbólico, las acampadas consisten también en cuerpos en movimiento. ¿Qué pasa con el cuerpo en las plazas, con el cuerpo de las plazas, con el cuerpo-plaza? Es desde esas preguntas y preocupaciones que Sofia Neuparth se implicó en lo que sucedía en Rossio en el verano de 2011. Sofia es bailarina, profesora e investigadora portuguesa. Trabaja en el c.e.m (centro em movimento), una estructura artística dedicada al estudio del cuerpo y del movimiento (y sus implicaciones políticas) localizada a cinco minutos de la Plaza Rossio. Cuando arrancó la acampada, Sofia y la gente del c.e.m. aparecieron allí de inmediato y “muy naturalmente”. Era el mejor lugar donde aportar sus saberes de años de estudio sobre el cuerpo en movimiento, a la vez que seguir investigando.
Sofia Neuparth

Lo que vi en las calles: quizá este Cuerpo en que nos estamos convirtiendo pueda ver lo que estaba viendo en la experiencia de habitar las plazas.

Estos últimos años han insistido en mostrarnos que sólo otro Cuerpo puede abrirse paso.

Seguimos persiguiendo las revueltas del mundo, los gritos de la Tierra-Gaia, la extensión de toda la conspiración resultado del sistema neoliberal que impone prisa y angustia en las formas de vida. Un estado de malestar basado en la acumulación, la necesidad del crecimiento económico, el miedo, la fobia de pertenecer a las esferas del control, la consternación o la aceptación de la esclavitud, la manipulación de las relaciones o el aumento de intermediarios que hacen que sea imposible tocar los cuerpos, los sueños, los deseos.

Este cuerpo en que nos estamos convirtiendo empieza a perder la fe en su potencia, se resigna al descontento, renuncia a soñar, deja de actuar o actúa sin ser…

Pues bien, no es este cuerpo reducido a la impotencia el que está creando una posible comunidad por venir. Sólo otro Cuerpo puede abrirse paso. Sólo otro Cuerpo se desplaza, sólo otro Cuerpo ve-toca por en medio, la elasticidad misma de la proximidad–distancia, la tensión entre los cuerpos, los no-límites que amplifican la creación de mundo, de existencia. Un Cuerpo expandido.

Este es el Cuerpo que veo abriendo los brazos en las plazas. Abriendo los brazos intermitentemente, interrumpido por la avalancha de lecturas petrificantes, la fatalidad de los discursos reductores, la ansiedad de resolver problemas sin salirse de los procedimientos “políticos”, el deseo de sanar pequeñas heridas sin atreverse a hacer un zoom que nos permita detectar espacios intersticiales o el pulso de los latidos en la plaza.

Este otro cuerpo reconoce que no hay nada más horrendo, más deformante, más poderoso que la presencia de la presencia.

La presencia que se yergue “en nombre de”.

Este otro cuerpo que aparece en las plazas tiene una especificidad arrolladora: está ahí, duerme ahí, crea su casa con el roce entre los cuerpos. Ve las estrellas a través de las pestañas, se empapa la ropa en la lluvia, toca el caos, crea silencio a través del ruido.

Mientras este otro cuerpo alienta la aparición de posibles comunidades sin nombre ni territorio, la plaza respira y existe.

Es la experiencia de la política en el sentido de vivir la vida codo con codo, juntos.

No es la toma de la plaza lo que abre otras formas de existir con, es la respiración conjunta de estos cuerpos expandidos, asombrados de que la imposibilidad de generar una ciudad en el corazón de la ciudad sea de pronto posible.

Una respiración conjunta que nutre movimientos tan diversos como la ocupación de las calles por estudiantes brasileños o las reuniones de filosofía abiertas a cualquiera que quiera estarcon en una pequeña tienda de verduras en Lisboa. Esta respiración conjunta sacude el miedo por un momento… un momento en el que las tácticas de seguridad, la vigilancia, las vallas, los chalecos fluorescentes dejan de tener sentido.

Estos cuerpos no tienen dueño. Su presencia crea un “aquí” que no es estable pero que no se puede ignorar.

Me parece que el poder de este movimiento de las plazas es reconocer la tremenda co-presencia de estos cuerpos, que crean un “aquí” que no va hacia un “allí” definido de antemano.

Autor: Martin Desrois (Licencia CC BY-SA 2.0)

Autor: Martin Desrois (Licencia CC BY-SA 2.0)

Sentimos la importancia de este compromiso que nos invita a desplazar nuestras prácticas diarias a la plaza y a quedarnos en la plaza.

Llevamos puesto el deseo de una vida mejor, identificamos claramente lo que nos oprime, podemos incluso ejercitar la visión para vislumbrar ciertas medidas específicas que podrían allanar el camino a otra calidad de existencia y, aun así, el énfasis no se pone en que se lleven a cabo estas medidas, ni en la queja ni en la amargura.

Existe la sensación de que, si algo nuevo está ocurriendo, es la expansión misma de lo sensible, un tomar en cuenta la co-existencia que disuelve el miedo al Otro.

Me parece que lo que se volvió evidente en las plazas es el hiato de la confianza en el existircon-sercon-hacercon.

Lo que me parece que contribuye a la disolución del movimiento en las plazas: quizá la experiencia de “no saber” necesita encontrar un lugar más adecuado en nuestras vidas diarias. La importancia de la ausencia de líderes y programas.

El tiempo de vida de cada movimiento de las plazas es lo único relevante. Cada encuentro de los cuerpos tiene su propia vibración, como una sinfonía difiere de otra aun cuando la orquesta sea la misma. No se trata de recurrir a tanques de oxígeno para aumentar el tiempo de vida de la experiencia, pero tal vez podamos escuchar cómo a veces empujamos algo que amamos para prolongarlo sin tener en cuenta la energía adecuada para hacerlo.

Tal vez podamos confiar más en lo que aprendemos al resonar-con y permitir que sea la especificidad de cada momento la que nos enseñe cómo actuar.

Trabajo con muchos investigadores de Brasil y la experiencia de la situación política en torno al impeachment [a Dilma Rouseff] ha sido parte de mi vida diaria durante un tiempo, al hablar con personas que se encuentran y salen a las calles atravesando la tremenda sensación de no encontrar la forma adecuada de lidiar con la brutalidad de la policía, con la manipulación mediática, con la amplitud del sinsentido…

Cuando el campamento empezó en Lisboa en la plaza del Rossio, estaban quienes habían estado en el interior del 15M, los que ya “sabían cómo” organizarlo todo para hacer que tuviera lugar el acontecimiento. Sin embargo, yo no sentí esa presión, yo no sentí que hubiese un modelo pre-existente, sentí sobre todo la alegría de una experiencia que se estaba abriendo aquí y ahora en Lisboa. Cada uno de los que llegaban a la plaza respiraba la sensación de inaugurar una nueva forma de vida, una nueva forma que posiblemente habíamos practicado durante mucho tiempo pero en la que ahora podíamos integrar la dimensión intercorporal… respirando dentro de lo desconocido que resonaba como algo muy familiar: la Vida.

Nos juntamos en pequeños paisajes humanos que ocasionalmente se reconfiguraban en reuniones, hablamos sin megáfonos, sin micrófonos, sin inscribirnos en listas, nos desplazamos más cerca y más lejos… elasticidad… sentimos el frenesí, la excitación de ver legar la noche estando en la calle y sin miedo, sin ser el objetivo del hiper-cuidado o la falta de escucha que sofocan los cuerpos “que no están en edad laboral”, sin que “personas útiles” como nosotros fuéramos golpeados por la pesada carga de pertenecer o no pertenecer, ser escuchados o ignorados.

Había un sentimiento de que podemos ser lo que somos, de que existimos… de que lo que nosotros consideramos absurdo, injusto, cruel es absurdo, injusto y cruel y puede no hallar resonancia en el poder de los cuerpos expandidos.

Podemos decir que no y podemos decir que sí.

La confianza en que podemos latía y todavía late. A tono con esta fuerza, el lenguaje se reorganiza y aparece el habla.

Con el paso del tiempo creció la complejidad, los grupos se empezaron a especializar en temas específicos, se escribían los textos a varias manos, hicieron su aparición los sistemas de amplificación de voz. Sentíamos la coexistencia de formas de existir-ser-hacer confiando en el no saber junto con otras formas que reproducen los modus operandi instituidos.

Me parece que caemos en esto todo el tiempo, me parece que es parte de la torpeza humana.

No es en la forma donde podemos encontrar el movimiento. Los cuerpos expandidos cualquiera gritan, duermen, bailan, besan, lloran, empujan, aceptan, dan/reciben… y el gesto a veces parece el mismo pero ya no lo es, el gesto abandonó el amor y cayó en la pena, la angustia u otro estado de compresión que disloca el tiempo del tiempo, saltando a otro universo donde encontramos cuerpos que sobreviven martirizados por su propia supervivencia.

La prisa por nombrar, por asegurarse de que el evento tendrá un impacto, la necesidad de poner un marco, no está a tono con la fluidez de cuerpos que no reclaman territorios, que no proclaman moverse “todos” en la misma dirección.

Muchos de estos cuerpos se encuentran de nuevo en las manifestaciones en las calles, pero entonces configuran una masa uniforme que se mueve en una determinada dirección, con un cierto propósito y a la que guían líderes identificados, el cuerpo diverso que acampa es anónimo, sí, pero no se diluye en una masa informe y unidireccional.

Cada cuerpo conserva su especificidad sin reclamar determinada zona de acción.

Es en esta coexistencia atemporal en el mismo espacio-tiempo donde surge el gesto común, un “común” que resplandece con la diversidad, un gesto que siempre contiene la posibilidad de convertirse en cualquier otro gesto en el momento en que la “sinfonía” cambie de tono o que un momento particular rehaga la forma de ese gesto.Es importante no confundir coherencia con previsibilidad ni complejidad con el mayor alcance de ciertas líneas, aisladas del pulso general.

¿Dónde está hoy, todos los días, el movimiento de las plazas? ¿Necesita tal vez encontrar otras maneras de aparecer?

Estoy muy agradecida por integrar una estructura abierta de investigación artística que se dedica al Estudio del Cuerpo y el Movimiento, cem-centro em movimiento, y estoy muy feliz de co-pensar-actuar diariamente con personas entusiastas y poder reconocer en cada momento la densidad increíble que se manifiesta cuando los cuerpos se dejan ser-con.

Entre las prácticas que hemos llevado a cabo desde comienzos de los años noventa, me gustaría compartir que, durante más de 10 años, hemos dedicado un tiempo cada semana a caminar y a estar en la ciudad “para nada”, creando espacios comunes en las plazas y las calles, en portales, en mercados locales. Espacios donde debatimos, leemos, estudiamos, jugamos, comemos, dormimos o, para ser más exactos, somos-con.

No traigo estas buenas noticias para que sean inscritas en algún manual de “buenas prácticas” y queden así enmarcadas en el legado de los situacionistas, ni para proponer un modelo, ni para engrosar las líneas de la “estética relacional”, ni para que se plasmen en cualquier otra forma de cristalización peligrosa de la que hemos estado huyendo desde que empezamos con estas prácticas. Comparto este detalle como quien transmite un frágil secreto a alguien que no conoce, confiando en que se pueden compartir ciertos acontecimientos sin fijarlos ni juzgarlos.

¡Es muy potente la fuerza de cambio de un cuerpo en la calle que no reclama un área de actuación, una sola lectura, ni un “por qué” o un “para qué”!

Este cuerpo no está aislado del mundo. Este cuerpo no impone su presencia a quien habita o cruza el lugar, no interrumpe la vida para reclamar una atención especial.

Este cuerpo, estos cuerpos crean otro tiempo, otro modo de vida.

No una forma de vida limitada a aquellos que se invitaron a sí mismos a ser-con. Este cuerpo expandido energiza atmósferas que resuenan tanto si eres humano o árbol o gato o casa o planta o piedra… un modo muy inquietante de existencia si se toma en cuenta la dureza de los sistemas de control.

A medida que seguimos en las calles, fuimos notando una mayor presencia de la policía y la activación de sistemas de vigilancia. Lisboa es una ciudad cada vez más turistizada, los espacios públicos están “aseptizados” y diseñados para el consumo. Edificios, manzanas de viviendas, barrios son transformados en inversiones y plataformas de lavado de dinero, se ignora a los habitantes y a los comerciantes locales e incluso se les pide que desaparezcan para dar cabida a “residentes temporales”, grandes hoteles, negocios de souvenirs o tiendas pasajeras de China o Bangladesh. Todo parece alineado con el crecimiento del sistema discapacitador imperante. La coreografía de las maneras de desplazarnos o de vivir en la ciudad está calculada al milímetro… pero algo irreversible ocurrió con el movimiento en las plazas… Algo como el sentido colectivo de que hay modos de ser que no se pueden reprimir, que no se pueden acallar.

"Dejemos el pesimismo para tiempos mejores". Autor: Martin Desrois (Licencia CC BY-SA 2.0)

“Dejemos el pesimismo para tiempos mejores”. Autor: Martin Desrois (Licencia CC BY-SA 2.0)

Una de las prácticas en la que estamos comprometidos es estar en los colegios, en los centros de día o en otros lugares de fragmentación social y disolver los muros que separan a la institución de la generación de Ciudad. Salimos juntos a las calles y nos quedamos ahí.

Confiados en la sensibilidad que aparece tan a menudo en estas líneas escritas, jugamos en espacios “públicos” sin cintas blancas y rojas ni ninguna otra señal de control de las que siguen creando muros opacos que nos separan de la experiencia de la Ciudad.

No creo que ser-con la liquidez de estos modos de ser sea inocuo. No hay encuentro sin deformación y no cabe duda que estos encuentros reconfiguran mundos.

Uno de esos días, una de los activistas más activas en el área del trabajo precario aquí, en Lisboa, mientras estaba co-preparando una serie de eventos para la semana anterior al uno de mayo, dijo algo como: “No podemos continuar organizando marchas y manifestaciones, tenemos que confiar en la fuerza de los espacios donde la gente comparte conocimiento y prácticas… ¡pero todavía no sé cómo hacerlo!” ¡Este reconocimiento me toca profundamente! “No saber cómo hacerlo” mientras no se renuncia a hacer.

La resonancia del movimiento de las plazas en nuestras vidas diarias opera a través de la generación de un número de experiencias comunitarias en las ciudades y en el campo y se manifiesta en el deseo de escucharse unos a otros, singular y colectivamente, y de querer mantener esta escucha en diversas expresiones alrededor del mundo. El movimiento de las plazas permea la confianza en la organización de encuentros de ciudadanos abiertos al debate de las medidas, decisiones o estrategias que emprenden los gobiernos electos. Permea la confianza en no crear fronteras que jerarquicen la vida, alimenta el reconocimiento de que cada uno de nosotros puede crear su propio camino, energiza lo que implica ser Ciudad, ser barrio. Nutre la confianza en destruir el miedo.

Si la política puede ser la práctica de sintonizar la co-existencia de los diferentes modos de vida, si la economía puede ser el constante reajuste de las áreas comunes generadas entre los cuerpos, si las cuestiones sociales pueden enfocarse sobre las singularidades abiertas a las comunidades, si la educación puede ser la experiencia de acceder a formas de conocimiento y compartir prácticas de enseñanza y aprendizaje, si el arte puede ser una de las formas de conocimiento que despliega las posibilidades de la realidad, entonces se puede ver al ser humano como una forma de vida en un mundo que incluye, sin jerarquías, otras formas de latir y de inter-escucha… si cuestiones como la alimentación, los recursos, las ecologías, la salud o la movilidad no se plantean como “temas” que quedan fuera de nuestras preocupaciones diarias, entonces el movimiento en las plazas existe a través de todo ello y la experiencia vivida por tanta gente diversa a lo largo y ancho del mundo integra irreversiblemente lo que llamamos humanidad, aunque sospecho que la “humanidad” está todavía en proceso de llegar a ser lo que podría ser… y probablemente siempre será.

Traducción de Irati Tranche e Isabel Vericat

Índice del dossier: “De Tahrir a Nuit Debout, la resaca de las plazas”